Zambrano: “Voy a darle una carta de crédito a Orsi”
Gerardo Zambrano es productor rural, empresario agropecuario y está vinculado a varias fundaciones, una de ellas la Pérez Scremini, que preside, y que transformó en uno de los centros de curación del cáncer en niñas y niños más importante del Uruguay. Los inicios de Zambrano se remontan al año 1970, en Victorica & Asociados. Allí se dio cuenta de que “el comercio vinculado al campo” era lo suyo.
En mayo de 1989, fundó su propia empresa, Zambrano y Cía., dedicada a la comercialización de lana como actividad principal, que tiempo después fue anexando otros rubros. Hoy es la primera empresa nacional de servicios agropecuarios con una oferta amplia y variada en: venta de ganado, remates tanto tradicionales como virtuales, servicios de hacienda, negocios inmobiliarios, venta de agroinsumos y maquinaria, agrobonos y asesoramiento contable e impositivo.
Zambrano recibió a El Explorador en sus oficinas de la calle General Nariño, en el corazón de Carrasco, proyectadas y construidas por su hijo arquitecto, quien fue paciente oncológico y se curó en 1985.
¿Cómo fueron sus inicios?
Mi padre tenía zapatería, mi madre era ama de casa. Mi padre falleció de 46 años, nosotros éramos muy chicos: mi hermana tenía 5 años, mi hermano 10 y yo 8 recién cumplidos. A mí siempre me gustó el campo pero nunca tuvimos ni una maceta con tierra. Estudié en la Facultad de Agronomía, hice un curso de técnico rural.
Me gustaba el campo, estuve 3 años en el interior con un grupo, pero me di cuenta que en realidad me aburría bastante por el poco movimiento que había. Entonces, volví a Montevideo y me revolví en lo que podía hasta que por un pariente conocí a Carlos Victorica, de Victorica & Asociados, una empresa de más de 100 años y que realmente estaba vinculada al sector agropecuario pero en la parte comercial. Me ofrecieron trabajo y entré pesando unos ganados y ahí me di cuenta que eso era lo mío, o sea, el comercio vinculado al campo.
Háblenos de Zambrano y Cía.
En mayo de 1989 fundé Zambrano y Cía. Alejandro, el hijo mayor, es hoy el que lleva las cosas adelante, la parte de producción. Después entró Agustín, que es contador, que lleva toda la parte financiera y después entró María, que estaba estudiando y le dije: “Vas a tener que venir a trabajar”. Si te gusta, tenés que entrar barriendo el patio y después si crecés, genial, pero aquí sos una empleada más”.
Mi segundo hijo, que es arquitecto, fue el que hizo todo esto, que está en otro rubro, está en construcción y esas cosas, pero hace unos años pusimos ZP, que es Zambrano Propiedades Urbanas, y yo le dije: “Vamos a aprovechar que es lo que sabemos hacer nosotros, servicio, dentro de las negociaciones y la intermediación”. O sea, que hace las veces de arquitecto y también hacemos compra y venta de inmuebles. Esta empresa está basada en la unión familiar. Pero el gran mérito lo tiene mi señora, quien ha mantenido una familia estable y duradera. Inicialmente, la empresa la puse en Montevideo.
¿Y por qué en Montevideo si las vacas estaban afuera?
Porque acá los viernes de tarde venían todos los del campo a la ciudad para pasar con la familia, el lunes se quedaban haciendo banco y el martes se iban para afuera. Entonces, digo, “yo los voy a agarrar entre viernes y lunes, acá, para que tengan alguna relación directa con conmigo”. Con esa base empecé a armar. Se fue armando la sucursal de San Antonio y después vino mi hijo y ahí se empezó a armar una red en el interior y hoy tenemos 19 sucursales y fuimos anexando rubros.
Tenemos la parte de negocios inmobiliarios rurales, hemos vendido este año bastantes campos, después agregamos la parte de insumos, la parte de asesoramientos en la administración de establecimientos. Agregamos el remate virtual, los negocios particulares, después agregamos las inversiones con capitalizaciones y con negocios concretos.
En fin, fuimos armando, diríamos, toda una red de servicios en la que hoy somos más de 50 personas que atendemos cada uno rubros distintos, de acuerdo a las necesidades de los productores. Somos una empresa de servicios, tenemos vocación de servicio.
Somos la primera empresa nacional de servicios agropecuarios. Nosotros brindamos un servicio y lo cobramos. Cobramos un honorario, no somos comisionistas. Apostamos a dar el mejor servicio y a la conformidad del cliente y que en definitiva pague lo que tenga que pagar.
¿Cómo le ha ido con este gobierno que está terminando y con los anteriores?
A ver, no he votado al Frente Amplio, he sido bastante crítico en bastantes cosas, y sobre todo en cuanto al sector agrícola. Los 15 primeros años del gobierno del Frente Amplio fueron totalmente de espaldas al campo. Nunca fue receptivo a lo que el campo pedía, sentía o sufría. Hay cosas que no se pueden solucionar, pero una cosa es no poder resolver y otra cosa es no estar cerca de los problemas. Claramente, ese período fue a mi entender muy malo y el gobierno de Mujica, sin ninguna duda, lo he dicho mil veces y no me importa repetirlo, para mí fue el peor gobierno de la historia.
¿Por qué?
Porque agarró el mejor momento del Uruguay en cuanto a precios internacionales y realmente una bonanza increíble y la verdad que durante ese período de 5 años se dilapidó el crecimiento. El actual gobierno ha tenido una sensibilidad distinta, ha sido receptivo a los reclamos. Eso no quiere decir que hayan hecho todo lo que entendemos que tenían que hacer. Acá hubo un atraso cambiario durante todo el período que perjudicó mucho al sector exportador y también al sector agropecuario. Hubo estabilidad en la inflación sí, pero a un costo importante. El campo realmente fue el que sostuvo el bienestar de los uruguayos en este período.
¿Y qué expectativas tiene respecto del nuevo gobierno?
A ver, todavía ni arrancamos. Yo inclusive desde principios de enero, siempre le venía pegando al Frente por determinados motivos, a determinados personajes. Tanto con Orsi como con Oddone tuvimos una reunión, un grupito chico de amigos y dije, está bien, el gobierno que se va yo no entiendo ni por qué perdió, pero perdió, motivos obviamente habrá. Y este gobierno que viene vamos a ver los puntos que calza, hay cosas en las que uno está de acuerdo, por ejemplo, en algunas designaciones, y en otras estoy en desacuerdo.
Pero bueno, uno no le puede pegar en el vestuario si todavía no salió a la cancha. Voy a darle una carta de crédito a Orsi, al gobierno nuevo, que entienda y continúe determinadas cosas que se hicieron en este gobierno con respecto al sector agropecuario y la economía en general. Yo tengo muy buena relación con Orsi, me parece una gran persona, un gran tipo, y yo tengo toda la confianza de que realmente pueda gobernar a la barra, que es lo que va a tener más complicado, supongo.
Hemos intercambiado unos mensajes muy buenos con Yamandú, construimos una buena relación. Como anécdota, me escribió, “bueno, mirá que conociendo tu humor y tu forma, voy a aceptar crítica y comentario y si tiene que ser alguna puteada, también”.
Conclusión, tenemos una relación buena y la verdad que le hemos tratado de volcar nuestras inquietudes. Ellos eso lo han captado y estoy convencido de que vamos a tener, si Dios quiere, un gobierno distinto a los anteriores con respecto al sector agropecuario y el sector exportador.
Sabemos que está involucrado en obras benéficas, aspecto que quizás no se conozca demasiado.
Sí, está bien y está bueno y les agradezco poder transmitirlo. A ver, saliendo de todo lo comercial, siempre he tratado de buscar alguna forma de devolverle a la sociedad lo que la sociedad me ha dado a mí y a mi familia. Mi segundo hijo, Rodrigo, que hoy es arquitecto, tuvo cáncer en el año 85; nos fuimos a Estados Unidos, disparados, porque acá estaba desahuciado. Habíamos perdido un mes antes a un bebé de pocos meses. Por suerte, Rodrigo reaccionó bien, entró un protocolo nuevo, Dios quiso que fuera así.
Cuando volvimos se armó la fundación Peluffo Giguens, después siguió la Pérez Scremini, pero la verdad es que el Dr. Ney Castillo y yo estamos hace 30 años en el tema del cáncer infantil. Hoy la Fundación Pérez Scremini, la cual presido, tiene embajadas en el interior, inauguramos el Hospital de Día, que está espectacular. Los resultados son los que avalan el trabajo y hoy en el Uruguay ocho de cada 10 niños con cáncer se curan.
Después tenemos una fundación hace mucho tiempo, de exalumnos del colegio Seminario. En la fundación, hay un colegio, donde están los chicos en Las Piedras, hay una iglesia, una clínica, y compramos un predio enfrente, que es el centro recreativo, tenemos un CAIF y ahora le dimos todo eso a una institución jesuita a la que seguimos apoyando. También integro otra fundación que hace mucho tiempo tuvo mi suegro, explotamos campos, son miles de hectáreas, unas están para forestación y otras las explotamos nosotros y ahí todo lo que se recauda va para obra benéfica.
Situaciones como lo que está pasando Conexión Ganadera y otros fondos, ¿pueden afectar la confianza en el sector?
A ver, la confianza es la base del sector agropecuario. Históricamente, acá se hacían negocios de palabra, no se firmaba nada y se cumplían. Las nuevas generaciones, la modernidad, han llevado a que ahora hay que tratar de poner algún papel más.
Pero la confianza es la base, en el negocio del remate virtual la base es la confianza. Lo de Conexión Ganadera es un tema que vino en cadena, primero con Larralde, que era bastante visible, después con República Ganadera, que copiaba lo que hacía Conexión Ganadera, pero también con un no muy entendible negocio.
Yo era amigo de Basso, de Carrasco, nunca entendí mucho el negocio como ellos lo encararon. Nosotros tenemos algunas herramientas parecidas, pero nada que ver en el funcionamiento. Ellos arrendaban campos, pagaban caro, había varios factores que hacían dudar del resultado final, pero Conexión Ganadera estuvo 25 años en el mercado, eran personas conocidas, de repente podía estar pasando algo que uno no veía y que nadie veía, porque nadie predijo públicamente lo que podía llegar a pasar. Entonces, lo que uno realmente no puede creer son los volúmenes.
Hablar en Uruguay de un pasivo de 400 millones (de dólares), un activo de 150 millones, que va a ser menos, una diferencia de 250 millones de pérdida es absolutamente inconcebible, inimaginable, porque esa cifra es grande en el mundo.
El otro día hablaba con el economista Javier de Haedo y me decía: “Si vos mirás la pérdida de estas tres empresas y lo comparas con Madoff, en el producto bruto, es lo mismo”. O sea, este problema es el mismo comparando el PBI del Uruguay, con Madoff, respecto al PBI americano.
¿Qué puede pasar de ahora en adelante?
Lamentablemente, va a pasar que van a haber unas 7.000 personas perjudicadas, entre las tres empresas, que pierden parte o todo lo que pusieron. Eso es realmente lamentable, inconcebible. Y después, algunas previsiones de que con todo el ganado que hay y los campos arrendados no va a pasar nada.
El sector agropecuario es firme, el mercado regula todo. Obviamente, no va a haber inversores para entrar en herramientas similares, pero después se va a reactivar la confianza, sobre todo en las empresas o en los sistemas que generen confianza no solo por antigüedad, porque ya vimos que Conexión estuvo 25 años, sino por la lógica en el funcionamiento y cumplimiento de sus obligaciones.
Hay que pasar esta ola que no es un tema fácil y, repito, lo más lamentable son esos 7.000 inversores que perdieron de repente todos sus ahorros o una parte y sin ninguna duda se tendrán que tomar las medidas que haya que tomar, que tienen que ser obviamente muy graves y fuertes.
¿Habrá que crear nuevas regulaciones para evitar este tipo de situaciones?
No, de ninguna manera. Odio las regulaciones. Las regulaciones que hay son demasiadas, son malas, burocráticas, costosas, hacen que este país sea el más caro para producir, también el más caro para vivir. Es muy importante diferenciar. ¿Hay algunas cosas que requieren regulación? Sí. ¿La menos posible? Sí. ¿Hay cosas que si las regulan las complican? Sí. Ahora, si a todos los sistemas similares a este desastre que ha habido los quieren regular, entonces van a matar a la gallina de los huevos de oro




