Seguridad: un ministro solo con un plan en suspenso y un país que no puede esperar
El exministro del Interior Nicolás Martinelli y el exsubsecretario Pablo Abdala cuestionan la falta de urgencia, liderazgo político y definiciones concretas del gobierno en temas de seguridad.
El lunes 8 de diciembre, en el auditorio de Torre Ejecutiva, el Ministerio del Interior dio por finalizados los Encuentros por Seguridad, un proceso que involucró a 79 instituciones y derivó en 92 propuestas organizadas en cinco grandes ejes: homicidios, narcotráfico, armas de fuego, ciberdelito y violencia basada en género.
Al comienzo del evento, el asesor ministerial Emiliano Rojido presentó la sistematización del trabajo realizado durante las distintas instancias de diálogo, mientras que el ministro del Interior, Carlos Negro, cerró el acto con un discurso centrado en la gestión, los resultados y la construcción de una política de seguridad “basada en evidencia”.
Sin embargo, fuera del auditorio y lejos del relato institucional, el cierre de los encuentros dejó una imagen que para la oposición -y para buena parte de la sociedad- no pasó inadvertida: la del ministro del Interior prácticamente solo, sin el acompañamiento del presidente de la República, Yamandú Orsi, ni del núcleo central del Poder Ejecutivo. Esa escena se convirtió en el punto de partida de una crítica política más profunda sobre el rumbo de la seguridad pública en Uruguay.
“Lo que se presentó el otro día es una sistematización de las propuestas. El plan está pensado que esté pronto en algún punto del segundo semestre del año que viene, pero, además, una vez terminado el plan, el mismo no va a contar con presupuesto”, señaló en entrevista exclusiva con El Explorador el exministro del Interior Nicolás Martinelli. Y agregó: “Vamos a haber perdido un año sin plan de seguridad, un segundo año en el cual en un primer semestre no va a haber plan, en un segundo semestre sí va a haber plan, pero no va a haber dinero, y recién en el tercer año de gobierno vamos a tener el combo completo”.
Para Martinelli, el problema central no es la convocatoria al diálogo -que considera positiva-, sino la ausencia de sentido de urgencia en el tema que más preocupa a la ciudadanía. “Lo que critico es la falta del sentido de la urgencia en un tema que es el que más les preocupa a todos los uruguayos”, afirmó.
La foto política: “Negro quedó absolutamente solo”
El exministro hizo especial énfasis en la escena del lunes 8. “En la presentación de la sistematización de las propuestas el ministro Negro quedó absolutamente solo, solo. Es una foto realmente muy preocupante del evento”, sostuvo. Enumeró además una serie de ausencias: Presidencia, Secretaría y Prosecretaría de la Presidencia, y los ministerios de Salud Pública, Educación y Cultura, Defensa Nacional y Desarrollo Social.
“Si vos querés hablar de salud mental, de adicciones, de tratamiento de adicciones en cárceles, tiene que estar Salud Pública. Si querés hablar de educación como reforma estructural, tiene que estar Educación”, remarcó.
A su juicio, esas ausencias reflejan una debilidad estructural en el enfoque integral que el propio gobierno dice sostener. “La parte represiva estaba representada por el ministro, pero todas las otras patas que son necesarias para generar esta política de enfoque integral no estaban presentes”, insistió.
Quienes sí acompañaron durante el evento fueron la ministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial, Tamara Paseyro, y el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño. No obstante, Martinelli relativizó ese respaldo: “El ministro de Ambiente no sé qué rol tiene para jugar en materia de seguridad pública; la ministra de Vivienda sí puede tener un rol”.
En la misma línea crítica se expresó Pablo Abdala, exsubsecretario del Ministerio del Interior y actual diputado del Partido Nacional. Si bien reconoció continuidades operativas, cuestionó la conducción política del proceso. “El gobierno simplemente se dedicó a recoger planteos y propuestas de más de 80 instituciones, pero no llevó una sola idea propia al diálogo, no planteó sus propias propuestas”, afirmó. Y añadió: “Es muy difícil saber qué piensa el gobierno y mucho más difícil es saber qué va a hacer con todo esto”.
El discurso oficial: gestión, resultados y evidencia
Durante su intervención, el ministro Carlos Negro defendió la estrategia del gobierno y sostuvo que la seguridad “no puede esperar”, motivo por el cual se trabaja “a diario en consecuencia”. “Desde el primer día impartimos las principales líneas de acción a todos los jefes de Policía y desplegamos acciones concretas en el territorio para gestionar la emergencia de la seguridad”, afirmó.
En su balance, destacó las incautaciones récord de droga, la desarticulación de grupos criminales, el descenso generalizado de delitos y el fortalecimiento de la Policía Nacional. “Uruguay necesita una estrategia sostenida en el tiempo que trascienda ciclos gubernamentales. Una política basada en evidencia, coordinada y con indicadores claros, con evaluación independiente y transparencia. Una política que favorezca el Estado de Derecho sin concesiones a las medidas demagógicas y fáciles”, sostuvo, al presentar al Plan Nacional de Seguridad Pública como un instrumento ya “en marcha”.
Rojido, por su parte, enmarcó el proceso en una dimensión más amplia. “Con la seguridad pública se juega todo, se juega el desarrollo económico de nuestro país, se juega la cohesión social, se juega la fortaleza de nuestras instituciones y de nuestra democracia”, dijo. Y defendió el carácter plural del diálogo: “En Uruguay se hizo con respeto y se hizo con trabajo”.
¿Plan o compilación? Continuidades y vacíos
El nudo del debate aparece allí donde el gobierno habla de avances y la oposición ve indefinición. Para Martinelli, no hay todavía un plan de seguridad pública, sino una recopilación de ideas. “Seguimos sin un plan”, afirmó. Y apuntó a otro elemento central: el financiamiento. “El presupuesto que se acaba de votar en el Parlamento para el Plan de Seguridad recién estará previsto para el año 2027”.
Abdala puso el foco en el combate al narcotráfico y al crimen organizado. “El narcotráfico es un desafío enorme y el gobierno tomó una medida desacertada al crear un sistema en Presidencia que genera burocracia innecesaria y da una señal de incertidumbre muy negativa”, sostuvo. Para el exsubsecretario, el liderazgo de la política de seguridad debe estar en el Ministerio del Interior y en la Policía Nacional, no en Presidencia.
Ambos coincidieron en que existe un fuerte continuismo operativo respecto a la administración anterior, algo que consideran positivo, pero insuficiente. “El actual ministro ha mantenido determinadas líneas operativas que vienen del período pasado, con resultados positivos”, reconoció Abdala, aunque advirtió que los anuncios no se tradujeron en reformas estructurales, particularmente en el control de armas y municiones.
Martinelli fue más duro al evaluar el posicionamiento político del ministro. “Es el ministro peor evaluado del gobierno, está en conflicto con los sindicatos, no tiene respaldo de la oposición ni de la ciudadanía”, afirmó, y concluyó: “No pasó el examen”.
La postura del Partido Nacional
Desde el Partido Nacional, tanto Martinelli como Abdala coincidieron en que el proceso de diálogo no logró el objetivo de construir una verdadera política de Estado en materia de seguridad. Si bien participaron desde el inicio, señalaron que el intercambio fue limitado y que el gobierno nunca expuso una posición propia.
“El diálogo es un gran signo de interrogación”, sostuvo Abdala. Agregó que no existió un intercambio real “que permita construir entre todos los partidos un gran acuerdo para vertebrar un plan de seguridad pública. Nada de eso ocurrió”. Según afirmó, el Ministerio del Interior “no llevó una sola idea propia” y se limitó a recoger propuestas de terceros.
Falta de participación
Martinelli, por su parte, explicó que participó únicamente en las primeras tres mesas, ya que las consideró “improductivas”, y sostuvo que el proceso derivó en “un poco de catarsis”.
Consideró que “hubo muy pocas propuestas concretas” y, si bien el Partido Nacional presentó las suyas -al igual que Cabildo Abierto-, denunció que el Frente Amplio no lo hizo. “El Ministerio del Interior no participaba, el ministro Negro no participó en ninguno de estos acuerdos”, afirmó. Agregó que, de las seis instancias realizadas, la Presidencia de la República solo acompañó la primera. A su entender, estas ausencias “debilitaron mucho la posibilidad de robustecer la herramienta”, ya que quienes convocan al diálogo “no participan”.
Ambos exjerarcas detallaron que entre las propuestas presentadas por el Partido Nacional se encontraban iniciativas vinculadas al combate al crimen organizado, la rehabilitación de personas privadas de libertad con problemas de adicción y la creación de una estructura especializada para enfrentar mafias y narcotráfico desde el Ministerio del Interior. Denunciaron que muchas de esas ideas no fueron consideradas y, en algunos casos, directamente descalificadas por el ministro. “Si pedís diálogo y después menospreciás las propuestas de otros, dinamitás todos los puentes”, sostuvo Martinelli.
El rumbo en disputa
El cierre de los Encuentros por Seguridad dejó sobre la mesa 92 propuestas y un diagnóstico compartido sobre los principales problemas: homicidios, cárceles colapsadas, narcotráfico en expansión y nuevas formas de criminalidad. Lo que sigue en discusión es quién lidera la estrategia, con qué recursos y en qué plazos.
Mientras el gobierno sostiene que el plan ya está en marcha y que Uruguay tiene una “oportunidad única”, la oposición advierte que el tiempo corre y que la seguridad no admite pausas. Entre el discurso institucional y la crítica política, el país sigue esperando algo más que diagnósticos: definiciones claras, liderazgo político y un rumbo que no quede, una vez más, suspendido en el futuro.





