Munyo: petróleo volátil, riesgos globales y desafíos para Uruguay
La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir los mercados internacionales y reinstaló un escenario de alta volatilidad en el precio del petróleo, con consecuencias directas sobre la economía global y, en particular, sobre países importadores netos de energía como Uruguay. En este contexto, la advertencia –días pasados- de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva —“prepárense para lo peor”—, resume el clima de incertidumbre que atraviesa a gobiernos, bancos centrales y actores económicos a nivel mundial que precisamente se reúnen desde este lunes en Washington. Durante los últimos días, el crudo Brent —referencia internacional— superó nuevamente los US$ 100 por barril, con subas cercanas al 8%, mientras que el petróleo estadounidense se ubicó en niveles similares. Este incremento se vincula directamente con las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio global de hidrocarburos, y con las amenazas de interrupción de los flujos energéticos en la región. El encarecimiento del petróleo no solo afecta el costo de la energía, sino que también se traslada a otros sectores, presionando sobre los precios de alimentos, transporte y bienes de consumo.
En este escenario, el Director Ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económico y Social (CERES) Economista Ignacio Munyo, analizó –en entrevista con El Explorador- el panorama internacional y sus implicancias para Uruguay, subrayando la dificultad de proyectar escenarios en un contexto dominado por la incertidumbre.
“Hay que tener presente que la incertidumbre es muy grande. Todo lo que podamos decir respecto al conflicto de fondo son especulaciones diarias, con escenarios que cambian todo el tiempo”, señaló. A su juicio, la volatilidad del mercado energético responde a un proceso dinámico donde los factores geopolíticos inciden de forma inmediata en los precios internacionales.
Impacto directo en Uruguay
Para Uruguay, el principal canal de transmisión de esta crisis es el precio del petróleo, dado que se trata del principal producto de importación del país. “Hemos visto una suba muy importante del precio del petróleo, con consecuencias directas, porque es el principal insumo que Uruguay compra a precios internacionales”, explicó Munyo.
Este aumento repercute de forma directa en la operativa de ANCAP y, por extensión, en las cuentas públicas. Según detalló, cerca del 70% de los costos del ente estatal están asociados a la compra de crudo, lo que deja escaso margen de maniobra frente a aumentos sostenidos en los precios internacionales.
Hasta el momento, el ajuste en los precios de los combustibles en el mercado interno ha sido inferior al incremento del petróleo, lo que sugiere una estrategia gradual por parte de las autoridades. “La expectativa es ir siguiendo cómo evolucionan los acontecimientos y ajustar en la medida en que haya novedades”, indicó.
Sin embargo, advirtió que esta política tiene límites. Si la situación se prolonga en el tiempo, el costo que hoy absorbe ANCAP podría traducirse en deterioros financieros significativos. “Es un costo que en algún momento va a empezar a tener consecuencias importantes en los resultados del ente y en las transferencias a Rentas Generales”, afirmó.
El dilema para el gobierno radica en cuánto trasladar ese aumento a los consumidores —a través de tarifas más altas— y cuánto absorber mediante menores ingresos fiscales. “Puede llegar un punto en el que ANCAP deje de transferir recursos y pase a ser deficitario, como ocurrió en el pasado”, recordó Munyo, en referencia a períodos de altos precios del petróleo entre 2011 y 2014.
En aquel entonces, el desfasaje entre los costos y las tarifas derivó en un déficit significativo que debió ser corregido posteriormente, tanto mediante capitalizaciones como por la caída del precio del crudo en 2015.

Inflación y crecimiento en riesgo
A nivel global, el encarecimiento del petróleo tiene efectos inflacionarios generalizados. Los mayores costos energéticos impactan en toda la cadena productiva, desde el transporte hasta la producción agrícola, afectando insumos clave como fertilizantes y materiales de empaque.
Esta presión inflacionaria se produce en un contexto donde muchas economías aún enfrentan desafíos para consolidar la estabilidad de precios tras los shocks de los últimos años. El FMI ya anticipó que la guerra en Medio Oriente podría acelerar la inflación y, simultáneamente, desacelerar el crecimiento mundial.
Munyo coincide en que el escenario es complejo y de difícil previsión. “Tomar decisiones en este contexto es complicado, porque a nadie le gusta subir los combustibles cuando el costo internacional está aumentando tanto”, señaló.
¿Cuánto amortigua la matriz energética?
Uruguay ha realizado en la última década una transformación significativa de su matriz energética, alcanzando niveles superiores al 90% de generación eléctrica a partir de fuentes renovables. Este cambio fue concebido, en parte, como una estrategia para reducir la vulnerabilidad frente a shocks externos en los precios de los combustibles fósiles.
No obstante, el impacto de esta transformación sobre la actual crisis es, según Munyo, difícil de cuantificar. “Es una gran pregunta cuánto menor va a ser el impacto ahora respecto a episodios anteriores”, admitió.
Si bien la mayor disponibilidad de energía eléctrica —especialmente de origen eólico— representa una fortaleza, el país sigue dependiendo del petróleo en sectores clave como el transporte y la producción. “Hay que analizar cuánto del parque automotor se ha electrificado y cuánto del sistema productivo sigue dependiendo del gasoil y otros combustibles”, explicó.
En este sentido, la transición energética podría actuar como un amortiguador parcial, pero no elimina la exposición del país a las fluctuaciones del mercado internacional de crudo.
Institucionalidad y aplicación de normas
Otro aspecto refiere a la implementación de políticas públicas y la eficacia de la normativa vigente. En particular, se mencionó la desmonopolización de los combustibles en áreas portuarias, prevista en la legislación, pero cuya aplicación enfrenta dificultades prácticas.
Munyo señaló que la falta de reglamentación o la demora en su implementación es un fenómeno recurrente en Uruguay. “Tenemos muchas leyes que no se terminan de reglamentar o que demoran mucho en hacerlo”, afirmó.
Este problema, según indicó, trasciende el sector energético y afecta el funcionamiento general del Estado, limitando la capacidad de respuesta ante desafíos económicos y estructurales.
Exploración petrolera: expectativas y cautela
En paralelo a la coyuntura internacional, Uruguay mantiene expectativas en torno a la exploración de hidrocarburos en su plataforma marítima. Diversas empresas internacionales participan en la búsqueda de posibles yacimientos, con inversiones significativas.
Si bien las probabilidades de hallazgos son inciertas, Munyo consideró que un descubrimiento tendría un impacto muy positivo para el país. “Sería una gran noticia, porque permitiría contar con recursos propios en un contexto donde Uruguay necesita endeudarse significativamente cada año”, señaló.
Actualmente, el país requiere financiamiento externo por montos superiores a los US$ 6.000 millones anuales para cubrir sus necesidades fiscales. La eventual disponibilidad de recursos energéticos propios podría contribuir a reducir esa dependencia.
No obstante, el economista advirtió que se trata de un proceso con altos niveles de incertidumbre y que debe ser analizado con cautela, tanto por sus implicancias económicas como ambientales.
“La bola de cristal”
El contexto internacional plantea un escenario abierto, donde la evolución del conflicto en Medio Oriente será determinante para la trayectoria de los precios del petróleo y, en consecuencia, para la economía global.
Las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, las decisiones de política exterior de Estados Unidos y la respuesta de Irán configuran un tablero geopolítico complejo, con potenciales impactos de gran magnitud, agregó Munyo.
Para Uruguay, sostuvo, el “desafío radica en gestionar los efectos de esta volatilidad, equilibrando la estabilidad de precios internos, la sostenibilidad de las cuentas públicas y la protección del poder adquisitivo de los hogares”.
En resumen, concluyó, “se está monitoreando a diario, pero con la incertidumbre de que es imposible tener una bola de cristal”.




