Cada kilo cuenta: la experiencia de Repapel en la construcción de un futuro sustentable
En un país donde los desafíos ambientales se hacen cada vez más visibles y la gestión de residuos se ha consolidado como uno de los principales problemas para los uruguayos, Repapel ha logrado construir un camino de más de 20 años combinando educación, reciclaje y compromiso comunitario.
Esta asociación civil, dedicada a la educación ambiental y a la promoción de la economía circular, recupera anualmente más de 600.000 kilos de papel que son reciclados y transformados en útiles escolares y productos de uso cotidiano. Detrás de estos números, nos encontramos con la convicción de que solo una sociedad comprometida y consciente de su entorno puede aspirar a un futuro sustentable.
El Explorador entrevistó a Cecilia Laporta, responsable de Coordinación General y Alianzas de Repapel, quien repasa la historia, los desafíos y las metas de la organización, mientras reafirma que “la educación ambiental es el motor que nos permite pensar en una sociedad más justa y comprometida con su entorno presente y futuro”.
Desde su escritorio frente al mar en Rocha, se define como educadora ambiental, aunque su formación académica transite otros caminos: es contadora pública y especialista en manejo costero integrado. Entre la docencia universitaria en el CURE y el trabajo comunitario, reparte su tiempo y su energía en dos pasiones que, asegura, marcan su vida: la educación ambiental y la pesca artesanal. Allí centra gran parte de su acción, especialmente en la reivindicación del conocimiento de las comunidades pesqueras y en el acompañamiento a las mujeres que sostienen la actividad en la zona este del país. “Los pescadores, al igual que los recicladores, son los grandes olvidados de esta sociedad”, sostiene con firmeza, convencida de que su rol es tender puentes entre el saber académico, las prácticas locales y la construcción de nuevas formas de vida más justas y sostenibles.
Los inicios de un modelo
El origen de Repapel se remonta a 1999, cuando comenzó como un proyecto dentro de la ONG Ceadu (Centro de Estudios, Análisis y Documentación del Uruguay), en el marco de fondos europeos destinados a países en vías de desarrollo. “Repapel nace como un proyecto dentro de otra ONG que se llamaba Ceadu”, recuerda Laporta. “Funcionó allí entre 1999 y 2002, con el financiamiento de la Unión Europea, y después sufrió una especie de mutación hasta que en 2006 se consolidó como ONG en sí misma. Es un caso de éxito porque de un proyecto puntual se armó todo un programa, lo que hoy llamamos el modelo Repapel”.
Ese modelo, explica, se basó desde el inicio en un doble eje, la educación ambiental y la circularidad. “En aquella época estaban los primeros técnicos ambientalistas del Uruguay, una camada muy incipiente que venía de los noventa, cuando empezaron a llegar los grandes financiamientos internacionales en temas ambientales”, apunta. “Podemos decir que ya hay tres generaciones dentro de Repapel: quienes lo crearon, quienes sostuvieron la ONG sin financiamiento y la camada actual, que le da un marco más profesional a la educación ambiental”.
Laporta aclara que Repapel es una organización no gubernamental y su cometido “es promover la educación ambiental y la economía circular”. No se trata de una gestora de residuos, sino que trabaja con diversos gestores. Apunta que el mayor desafío de ayer y hoy sigue siendo la logística. “Lo era en 1999, lo era en 2003 y lo es ahora. Los costos de traslado de los residuos son complejos, aunque hoy hay más conciencia empresarial y normativa que ayuda. Pero sigue siendo una dificultad central”.
Educación ambiental: transformar hábitos
Repapel decidió apostar desde un comienzo a la educación ambiental como pilar de su acción. Para Laporta, no se trata de un aspecto secundario sino de la clave para lograr cambios reales. “La transformación de la sociedad es lo que nos mueve”, subraya. “Si bien trabajamos mucho con la escuela pública, nuestro cometido va más allá: quienes forman parte de la comunidad Repapel son también adultos en organizaciones y empresas. Buscamos transformar hábitos y generar una sociedad más responsable y comprometida con su entorno”.
La visión de la organización rompe con la idea de que el ambiente es algo externo. “Nosotros hablamos del ambiente como algo que construimos e incidimos”, explica. “Poder hablar de esto en una empresa, tener la responsabilidad de gestionar los residuos, reflexionar sobre lo que consumimos y descartamos, todo eso forma parte del modelo Repapel. El papel fue un buen punto de partida porque era algo cotidiano y tangible”.
La meta de Repapel es tener una “sociedad sana y un ambiente sano”, sumándole el educar a una sociedad que sea consciente de la construcción del ambiente.
Con las infancias, el impacto se traduce en aprendizajes prácticos y experiencias transformadoras. Para Laporta, la gratitud y sorpresa de los más pequeños es uno de los detalles más gratificantes. “La sorpresa del papel que elegí no tirar a la papelera vuelve convertido en un útil escolar. Ahí aparece la magia del reciclaje, que se vuelve tangible”.
Comenta que durante los últimos años se han ido “rompiendo barreras” en la educación ambiental. “Buscamos ir más allá de la gestión de residuos, hacia la construcción del ambiente en la escuela: reconocer los árboles, valorar la sombra, reflexionar sobre el vínculo con el entorno. Siempre desde el juego, la didáctica y la diversión. Es bien importante que un taller de Repapel sea divertido, dinámico, y a la vez nos permita reflexionar, o nos deje una enseñanza, o algo nuevo en relación a nuestro vínculo con el ambiente”.
Economía circular: volver a pensar lo cotidiano
El concepto de economía circular ha ganado notoriedad en los últimos años, aunque su base teórica lleva más de tres décadas. Laporta explica que “es una manera diferente de hacer las cosas. Y a la vez es volver a hacer como antes en algunos casos”.
Para ella, la economía circular implica superar la lógica lineal de extraer, producir y desechar. “Se trata de mantener los materiales en el sistema el mayor tiempo posible”, señala. “El reciclaje es el último eslabón. Antes está el reducir, rediseñar, reparar, rechazar lo innecesario. Desde Repapel invitan a disminuir la cultura del “use y tire” o del extractivismo, modelo de desarrollo basado en la explotación intensiva de recursos naturales.
Cada año, Repapel recupera alrededor de 600.000 kilos de papel. El número impresiona, pero también revela la magnitud del desafío. “Lo increíble es que representa apenas un 2% del papel que se genera en Uruguay”, admite Laporta. “Es muy bajo. Nuestra logística nos da para esto, quizá un poco más. Por eso siempre aprovechamos estas instancias para invitar a más empresas y organismos a sumarse”.
Ese 2% puede parecer modesto, pero tiene un impacto concreto. “El hecho de que esos kilos no terminen en la usina de Felipe Cardoso ya es relevante. Y además, para nosotros poder sostener un equipo de educadores, trabajar con 50 escuelas y producir recursos didácticos es un impacto enorme. Ahora, imaginate si llegáramos al 5% del papel y cartón recuperable. Sin dudas, el impacto sería aún mayor”.
Una red público-privada y el reconocimiento
El modelo Repapel se sostiene en una amplia red de alianzas con el sector público y privado. Entre sus patrocinadores se encuentran el Palacio Legislativo, el Banco de Seguros del Estado, el Banco Santander, la ANP, Ancap, el Correo Uruguayo y numerosas empresas privadas.
“Lo lindo es que incluso empresas competidoras dejan de lado la rivalidad en este campo y se integran a la comunidad Repapel”, celebra Laporta. “Cada kilo cuenta, ya sea de un estudio jurídico pequeño o de un banco estatal. Tenemos experiencias hermosas en comunidades como Fray Marcos o Rosario, donde escuelas, liceos, clubes y vecinos se organizan juntos para clasificar y aportar”.
El trabajo sostenido de la organización ha sido reconocido a nivel nacional e internacional. Entre los premios figuran el Nacional de Ambiente Uruguay Natural (2021), el de Economía Circular (2019) y menciones de interés ministerial. “Esos reconocimientos jerarquizan el trabajo y dan visibilidad”, reflexiona Laporta. “Pero lo más importante es que muestran que el modelo Repapel es replicable. Nos encantaría que existieran experiencias similares con otros residuos en Uruguay”.
El futuro de Repapel
El horizonte está marcado por cuatro líneas estratégicas: ampliar la comunidad de patrocinadores, fomentar el consumo de papel reciclado hecho en Uruguay, impulsar la curricularización de la educación ambiental y fortalecer las capacitaciones en empresas.
“Queremos que hablar de ambiente en una organización no sea solo mandar un mail el 5 de junio, sino un hábito cotidiano”, resume Laporta. “Apuntamos a que la educación ambiental ingrese más en la currícula docente y escolar, y a formar capacitadores. Y también a que los adultos incorporen estos temas en su vida laboral y personal”.
Repapel mantiene sus puertas abiertas a nuevos apoyos. “Los vecinos pueden acercar papel y cartón a las escuelas de la red, y las empresas o instituciones pueden implementar el programa de clasificación y sumarse como patrocinadores”, explica Laporta. “Este año entramos en la Ley de Donaciones Especiales, lo que nos da nuevas posibilidades. Siempre decimos que cada kilo cuenta. Lo fundamental es sumar empresas y personas comprometidas con el ambiente, porque de eso se trata: de construir una sociedad más justa y comprometida con su entorno presente y futuro”.
Con 25 años de historia, miles de kilos de papel recuperados y generaciones de niños y adultos formados, Repapel se consolida como una experiencia única en el país. Una organización que, desde el juego, la educación y la circularidad, demuestra que otra forma de relacionarnos con el ambiente no solo es posible, sino urgente.




