“Uruguay en el siglo incierto”
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l proyecto se gestó como una reflexión a tres voces de Amparo Menéndez-Carrión, Gabriel Delacoste y Rodrigo Alonso, editado por Fin de Siglo, el diálogo entre tres dimensiones fundamentales de toda experiencia histórica: pasado, presente y futuro. A su vez, articula tres planos de análisis que se entrelazan: la teoría, la experiencia concreta y la acción colectiva.
El libro se organiza en tres aportes complementarios. El capítulo de Rodrigo Alonso aborda la relación entre los ciclos económicos y políticos desde una perspectiva histórica, aportando herramientas para comprender sus implicancias y abrir caminos de interpretación sobre el presente y el futuro.
El capítulo de Gabriel Delacoste sistematiza los principales escenarios posibles a nivel global, analizando tendencias y transformaciones en múltiples dimensiones —geopolítica, económica, tecnológica, social, cultural y ambiental—. Este marco permite luego pensar el lugar de Uruguay en ese escenario internacional.
Finalmente, el texto de Amparo Menéndez-Carrión propone un ejercicio prospectivo situado en el año 2080, desde donde observa el Uruguay actual a través de dos futuros contrapuestos: uno distópico y otro orientado hacia una utopía posible. A partir de esa mirada, se regresa al presente como espacio de acción.
En conjunto, la obra plantea como eje propositivo la reconstrucción de lo público a partir de un nuevo proyecto de Estado, con una ciudadanía activa y organizada, y con una izquierda renovada como protagonista en la construcción de ese horizonte.
Uno de sus autores dialogó con El Explorador, Rodrigo Alonso, economista con formación en Uruguay y Brasil, plantea una mirada que vincula estrechamente economía y política, entendiendo ambas como dimensiones inseparables del desarrollo.
El libro surge a partir de una serie de conversaciones entre tres autores tras el impacto del llamado “caso Astesiano”, que para ellos evidenció una fisura en el “núcleo republicano” del país nos señala.
En su capítulo, titulado Terra Incógnita, Rodrigo Alonso propone que el país atraviesa un momento de incertidumbre profunda, tanto hacia el futuro como en la comprensión de su propio pasado. Señala la necesidad de recuperar una lectura histórica para poder interpretar los problemas actuales y proyectar soluciones.
El autor explica que eligió el concepto de Terra Incógnita —“tierra desconocida” en latín— para describir el presente de Uruguay porque considera que el país atraviesa un escenario de incertidumbre tanto hacia el futuro como respecto a su propio pasado. Así como en los antiguos mapas las zonas inexploradas eran representadas con figuras de lo desconocido, hoy Uruguay enfrenta un momento difícil de interpretar y proyectar.
Sostiene que esta incertidumbre no solo se explica por los desafíos actuales, sino también por la falta de una comprensión profunda de la historia nacional.
En ese sentido, la “Terra Incógnita” no es únicamente el futuro incierto, sino también un pasado que aún no ha sido completamente comprendido ni resuelto, lo que vuelve más complejo descifrar el rumbo del país.
El entrevistado sostiene que, tras el fin del ciclo de crecimiento de mediados del siglo pasado y episodios críticos como la dictadura de 1973, el país no logró consolidar un nuevo proyecto histórico. Si bien reconoce avances durante los gobiernos del Frente Amplio, especialmente tras la crisis de 2002, considera que no se logró establecer una estrategia de desarrollo de largo plazo, lo que derivó en un escenario actual de estancamiento y vacío programático.
Frente a este panorama, plantea que el principal desafío es construir un verdadero proyecto de Estado, que trascienda los gobiernos y establezca una estrategia nacional de desarrollo económico. Esto implica definir cómo mejorar la inserción internacional, aumentar la productividad, incorporar innovación y articular políticas de formación y empleo.
Asimismo, subraya la necesidad de que la política recupere un rol estratégico, dejando de centrarse exclusivamente en la competencia electoral y promoviendo un debate profundo que involucre a actores sociales, académicos y productivos. En particular, señala que la izquierda debe asumir el debate sobre el “orden” como un eje central y no cederlo a otros sectores.
El autor expresa que el libro busca contribuir a un debate más amplio, recuperando una tradición de pensamiento crítico que articule política, academia y cultura. La apuesta es generar una conversación de fondo sobre el rumbo del país en un contexto global de transformación.




