Andrei Golubei llevó la inteligencia artificial al MAPI para transformar la visita a sus máscaras
El Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) incorporó una nueva funcionalidad basada en inteligencia artificial que permite identificar automáticamente las más de 500 máscaras de su colección permanente a través de una fotografía.
Detrás del desarrollo se encuentra el ingeniero Andrei Golubei, quien en entrevista con El Explorador explicó cómo la tecnología puede enriquecer la experiencia cultural sin desplazar el protagonismo de las piezas patrimoniales.
La tecnología en la cultura
En Uruguay, el MAPI viene consolidando ese camino desde hace varios años y vuelve a posicionarse a la vanguardia con una innovación inédita en el país: una aplicación que utiliza inteligencia artificial para reconocer automáticamente las máscaras expuestas y brindar información detallada sobre cada una de ellas.
La nueva funcionalidad, disponible dentro de la aplicación oficial del museo para dispositivos Android e iOS, permite que cualquier visitante enfoque una de las más de 500 máscaras que integran la colección permanente y obtenga de inmediato datos sobre su origen, contexto cultural e historia.
Además, incorpora un modo recreativo que compara el rostro de una persona con la máscara de la colección que presenta mayor similitud, generando una experiencia interactiva que busca despertar la curiosidad, especialmente entre niños y jóvenes.
Detrás de esta herramienta se encuentra Andrei Golubei, un joven desarrollador uruguayo de 26 años que encontró en este proyecto la posibilidad de aplicar tecnologías de inteligencia artificial al ámbito cultural.

Mucho más que una aplicación
El vínculo entre Golubei y el museo surgió para resolver un problema concreto: cómo ofrecer información sobre una colección de más de 500 máscaras sin llenar las salas de carteles explicativos.
“Se podía haber resuelto con un código QR, que era una solución mucho más sencilla, pero el museo apostó por la innovación y por la tecnología. Eso me pareció espectacular porque venía en línea con otros proyectos que ya habían desarrollado, como la realidad virtual”, señaló.
Para el desarrollador, esa decisión refleja una estrategia sostenida del MAPI de incorporar herramientas digitales cuando realmente aportan valor a la experiencia del visitante.
Golubei consideró que uno de los principales desafíos de los museos contemporáneos consiste en dialogar con un público cada vez más acostumbrado a interactuar con contenidos digitales, sin perder el valor insustituible de las piezas originales.
“Hoy el gran desafío es conversar con un visitante cada vez más digital, pero sin dejar de valorar la pieza física. Creo que este proyecto logra un buen equilibrio y, además, hay que reconocer el esfuerzo del MAPI porque los recursos destinados a la cultura son limitados”, afirmó.
Detrás del reconocimiento inteligente de las máscaras
Aunque el funcionamiento para el usuario resulta sencillo —basta con tomar una fotografía desde el celular—, el desarrollo implicó varios meses de trabajo y un importante proceso de catalogación.
Golubei explicó que para la construcción del sistema fue necesario fotografiar cientos de piezas desde distintos ángulos, organizar toda la información y crear una base de datos suficientemente robusta para entrenar el modelo de inteligencia artificial.
En esa etapa resultó clave el trabajo conjunto con el equipo fotográfico del MAPI y Claudio Rama, impulsor de la colección de Máscaras Latinoamericanas, quien colaboró en la organización del material y en la documentación de cada una de las obras. Solo la preparación del inventario digital demandó cientos de horas de trabajo.
El sistema no compara fotografías píxel por píxel. En cambio, convierte cada imagen en una representación matemática —una especie de “huella digital”— que permite identificar cuáles presentan mayores similitudes. Esa metodología hace posible reconocer una misma máscara incluso cuando cambia la iluminación, la distancia o el ángulo desde el que fue fotografiada.
Golubei remarcó que el sistema fue diseñado para seguir aprendiendo con el uso cotidiano. Cuando la aplicación no identifica correctamente una pieza, el visitante puede reportarlo de forma anónima y esa información permite incorporar nuevas imágenes y volver a entrenar el modelo para mejorar progresivamente su precisión.
A su vez explicó que “la inteligencia artificial no es perfecta. Siempre trabaja por aproximación, pero justamente por eso diseñamos una herramienta que permite seguir entrenando el sistema y hacerlo cada vez más preciso”.

La IA como complemento
Uno de los aspectos que destaca Golubei es que la herramienta fue concebida para enriquecer la visita al museo, pero nunca para reemplazar el contacto directo con las obras ni el trabajo de los guías.
“La protagonista tiene que seguir siendo la máscara. La tecnología tiene que estar al servicio del arte y no al revés”, sostuvo.
En ese sentido, aclaró que la aplicación es completamente gratuita, no requiere crear una cuenta ni recopila datos personales de los usuarios.
También aclaró que la herramienta “no viene a sustituir a ningún guía”. “Es una herramienta que complementa la experiencia de quienes visitan el museo por su cuenta y quizás en ese momento no tienen a alguien que les explique el contexto de la pieza”.
El desarrollo, además, ya fue concebido con una mirada internacional. La información está disponible en tres idiomas, contemplando el importante flujo de turistas extranjeros que recibe el museo durante todo el año.
Para Golubei, otro diferencial es que la propia cámara del teléfono se convierte en una especie de puente entre el visitante y la colección: “La cámara pasa a ser un intérprete. Uno enfoca con su celular y comienza a conocer la colección a través de esa interacción. Eso genera otra forma de acercarse al patrimonio”, señaló.
Entre las funcionalidades que más llaman la atención aparece una propuesta lúdica que invita a los visitantes a tomarse una fotografía para descubrir con cuál de las máscaras de la colección comparten mayor parecido.
Aunque el resultado pueda parecer una curiosidad, detrás existe el mismo sistema de reconocimiento de imágenes utilizado para identificar las piezas del museo. La diferencia es que, en este caso, la inteligencia artificial compara los rasgos faciales de la persona con los patrones visuales almacenados en la base de datos de las máscaras.
Golubei explicó que la idea surgió cuando el equipo advirtió que el mismo modelo tecnológico permitía realizar esa comparación y que podía transformarse en una experiencia atractiva para el público infantil y las excursiones educativas.
“La iniciativa fue de Facundo de Almeida. Técnicamente la aplicación ya podía hacerlo y vimos que podía convertirse en una funcionalidad divertida para fomentar la participación de los niños y jóvenes”, relató.
Uruguay comienza a recorrer un nuevo camino
En los últimos años, grandes museos del mundo comenzaron a incorporar inteligencia artificial, realidad aumentada y experiencias inmersivas para ampliar las posibilidades de interacción con sus colecciones. Aunque en Uruguay estas iniciativas todavía son incipientes, Golubei considera que el proceso ya comenzó y que el MAPI ocupa un lugar de referencia.
“El MAPI está a la vanguardia de esta nueva evolución. El camino ya lo empezamos y ahora hay que seguir recorriéndolo. No solo los museos tienen que avanzar hacia la digitalización; todo el ámbito cultural debería hacerlo”, expresó.
No obstante, el desarrollador advierte sobre uno de los riesgos más frecuentes cuando se habla de inteligencia artificial: incorporar tecnología únicamente por seguir una tendencia.
“Yo no pensaría que hay que poner inteligencia artificial para todo. Primero tiene que existir un problema y después encontrar cuál es la herramienta que mejor lo resuelve. La inteligencia artificial es una posibilidad más, no un fin en sí mismo”, reflexionó.
Esa visión también marca el rumbo de los próximos desarrollos. Golubei adelantó que ya trabaja junto al museo en nuevas funcionalidades dirigidas a fortalecer el trabajo de los guías, aunque prefirió no brindar mayores detalles hasta que el proyecto sea presentado oficialmente.



El desafío de documentar una colección viva
La incorporación de esta nueva herramienta tecnológica surgió de un desafío que el MAPI analizaba desde la creación de la Sala Permanente de la Colección de Máscaras Latinoamericanas: cómo brindar información sobre cientos de piezas sin transformar el espacio expositivo en una sucesión de carteles.
El director del museo, Facundo de Almeida, explicó que la incorporación de tecnología responde a una decisión institucional de utilizarla cuando permite resolver una necesidad concreta. “En el MAPI ponemos la tecnología al servicio del museo y no a la inversa. Aplicamos soluciones tecnológicas cuando no podemos resolverlo de otra manera”, afirmó.
En este caso, la dificultad estaba vinculada al volumen de la colección. “Sería materialmente imposible poner 500 epígrafes y mucho menos hacerlo en varios idiomas. De esta forma, a través de la App del MAPI se accede a información de cada una de las piezas”, señaló De Almeida.
El proyecto fue financiado conjuntamente por la Fundación de Máscaras Latinoamericanas y la Fundación MAPI. Para el director del museo, el objetivo final es ampliar el acceso al patrimonio: “Nuestro propósito es innovar para hacer cada vez más accesible la cultura a través de la tecnología”.
Claudio Rama, impulsor de la colección, recordó que la búsqueda de una solución comenzó mucho antes. Desde la instalación de la Sala Permanente se evaluaron distintas alternativas, entre ellas sistemas de audio y códigos QR, aunque estos últimos implicaban incorporar cientos de elementos físicos dentro de la exposición.
“Esta solución permitirá agregar cuanta información y comentarios se quiera, haciendo a la muestra más documentada en una lógica híbrida: presencial y virtual a la vez”, explicó Rama.
Además, señaló que el sistema permitirá acompañar la dinámica de una colección que está en permanente movimiento. Si bien la Sala Permanente reúne unas 500 piezas, el repositorio total supera las 950 máscaras que se rotan y participan en distintas exposiciones. “La idea es que este sistema permita ir agregando o cambiando piezas”, sostuvo.
Para De Almeida, la nueva funcionalidad también suma una dimensión educativa y lúdica. “Además de generar una instancia de juego, permite crear una situación de conocimiento sobre las máscaras y de empatía con otras culturas”, concluyó.





