Una mirada distinta: Nicolle Salle en el Parlamento
Desde una banca nueva y sin ataduras partidarias, la representante nacional cuestiona lo establecido y pone sobre la mesa temas que otros evitan.
En un Parlamento moldeado por estructuras partidarias tradicionales, la llegada de Nicolle Salle como diputada de Identidad Soberana introduce una perspectiva distinta: crítica, frontal y nacida fuera de los círculos habituales del poder. Con una agenda centrada en la soberanía individual, el control ciudadano sobre las decisiones sanitarias y la transparencia institucional, su trabajo legislativo desafía silencios prolongados que marcaron la gestión pública durante la pandemia.
Odontóloga de profesión, Nicolle Salle se reconoce “ajena al mundo político”, aunque el apellido la antecede: es hija del abogado Gustavo Salle, líder del partido político Identidad Soberana y una de las figuras más controvertidas de la escena pública reciente, conocido por sus denuncias penales contra jerarcas del Estado, su oposición a políticas globalistas y su postura crítica frente a los partidos tradicionales.
El 15 de febrero de 2025 asumió como diputada, convencida de que debía representar a quienes -según afirmó- fueron excluidos del debate democrático durante la pandemia. Aseguró haber llegado al Parlamento con la intención de “llevar la voz de quienes no habían sido escuchados hasta ahora”, en especial los sectores que cuestionaron las medidas sanitarias y la presión para vacunarse.
El equipo Salle: un equipo sin pasado parlamentario
El hecho de compartir la cámara baja con su propio padre podría haber sido una dificultad, pero para Nicolle se transformó en una experiencia “muy amena. Me generaba curiosidad cómo íbamos a funcionar como equipo… y fue una grata sorpresa”, afirmó. Destacó la sinergia con el equipo que los rodea -secretarios, asesores, militantes nuevos- y subrayó el clima de aprendizaje constante que caracteriza a Identidad Soberana, un partido sin pasado parlamentario, que nace como una alternativa fuera de los partidos establecidos.
Desde el inicio de su labor parlamentaria, Nicolle Salle se enfocó en una agenda clara, que busca visibilizar y proteger a sectores que considera desatendidos por la política actual. Entre sus principales objetivos, se destaca la denuncia de lo que interpreta como una persecución estatal hacia las familias que decidieron no vacunar a sus hijos, un tema que tomó especial relevancia en el marco de la pandemia y que, según ella, derivó en procesos judiciales injustos y en una vulneración de derechos fundamentales.
Dentro de los proyectos impulsados se encuentra también la propuesta de sustituir el actual sistema obligatorio de carné de salud por uno voluntario y preventivo. Este nuevo esquema busca facilitar el acceso a estudios médicos específicos vinculados a posibles daños derivados de condiciones laborales particulares, como trabajos que impliquen esfuerzo físico intenso o exposición a materiales tóxicos.
Vigilancia más activa y un seguimiento personalizado
La iniciativa apunta a ofrecer garantías adicionales a los trabajadores, promoviendo una vigilancia más activa y un seguimiento personalizado que permita prevenir enfermedades relacionadas con el entorno laboral, en línea con convenios internacionales como los de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Además, Salle reclama una revisión profunda y crítica de los tratados internacionales suscriptos por Uruguay, argumentando que la actual dinámica parlamentaria no garantiza un debate serio ni un ejercicio real de soberanía nacional sobre estos acuerdos.
En su visión, existe una tendencia generalizada a aprobar estos compromisos sin el análisis riguroso que merecen, lo que a su juicio pone en riesgo la autonomía política del país.
Otra de sus iniciativas clave es la derogación del Instituto Nacional de Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo, organismo que califica como “jurídicamente incompatible con el diseño institucional de un Estado de Derecho”. Salle indicó además que “está inspirado en el modelo sueco, pero en Uruguay no tiene potestades vinculantes. No resuelve nada. Para nosotros, el único garante de los derechos es el Poder Judicial”.
Salle argumentó que esta institución carece de potestades vinculantes y que, lejos de fortalecer la protección de los derechos, generan duplicidad burocrática y gasto innecesario, siendo funciones que corresponden exclusivamente al Poder Judicial.
Esta agenda refleja una visión política que busca redefinir el papel del Estado, la autonomía de la familia y la soberanía nacional en ámbitos clave para la vida social y política del país.
La política como herramienta de reparación
Uno de los proyectos más destacados impulsados por Salle propone el reconocimiento de la vacunación como acto médico -y no meramente administrativo- para que quede claramente sujeto al consentimiento informado.
A esta iniciativa se suma otra que busca establecer un marco interpretativo del orden jurídico vigente para amparar a padres que deciden no vacunar a sus hijos. “Muchas de estas familias están siendo judicializadas injustamente”, afirmó. Además, indicó que su propuesta se basa en artículos constitucionales que respaldan la patria potestad, así como en la ley de derechos del paciente.
La diputada habló desde su experiencia personal, recuerda haber sufrido una enfermedad autoinmune infantil atribuida por sus médicos a una vacuna que “casi me mata”, expresó. Ese recuerdo la acompaña como testimonio de un sistema que “no garantiza farmacovigilancia activa, ni sistemas de compensación para los damnificados”.
Sallazo TV: campaña por una comunicación directa
A diferencia de otros partidos, Identidad Soberana apostó por una comunicación directa con sus votantes a través del canal de YouTube “Sallazo TV”, que actualiza con regularidad el contenido de las sesiones parlamentarias, proyectos de ley y posicionamientos sobre temas clave.
Según Nicolle, se trata de “una herramienta para democratizar la política” y romper el cerco mediático sobre temas que, asegura, han sido sistemáticamente ignorados. “Mi padre tiene una metodología en la que le dedica mucho tiempo al diálogo con los ciudadanos”, explicó.
Esa práctica se traduce también en múltiples pedidos de informes, proyectos de ley y un esfuerzo constante por transparentar la actividad legislativa, algo que Salle considera inédito: “Creo que eso no tiene precedentes en el Parlamento”.
Lo que no se discute
Más allá de su agenda, Nicolle Salle pone el acento en lo que, desde su perspectiva, permanece invisibilizado: los tratados internacionales. “Aquí se votan a dos manos sin ningún tipo de revisión”, señaló. Su crítica apunta a una lógica de aprobación automática, en la que estos acuerdos cuentan con un consenso “digamos tácito” de todos los partidos para ser votados tal como llegan. “Es bastante desesperante ver cómo llegan tratados y no tienen la debida discusión”, lamentó, y reconoció que, junto a su padre, son muchas veces los únicos en revisar esos documentos antes de emitir su voto.
Construyendo otra forma de hacer política
Nicolle Salle no llegó para seguir el guion habitual del Parlamento. Desde una banca que representa una fuerza emergente, propone una política que incomoda porque pone en primer plano voces ignoradas y cuestiona lo que otros dan por sentado.
Su trabajo con Identidad Soberana va más allá de la oposición tradicional: es un llamado a repensar la soberanía, los derechos individuales y el rol real del Estado.
En un espacio dominado por acuerdos y discursos, su estilo directo y sin filtros abre una puerta a la participación ciudadana genuina. Sin redes de poder ni historias políticas previas, Salle va marcando el pulso de una representación distinta, que no teme desafiar el statu quo y que invita a mirar la política desde otra perspectiva.
Su paso por la Cámara Baja será un desafío para el sistema, pero también una oportunidad para que la democracia uruguaya escuche con atención aquellas voces que no siempre han sido parte del debate público.
En un momento clave para el país, Salle y su partido, Identidad Soberana, se posicionan como impulsores de una renovación política que busca no solo ampliar la representación, sino también promover un debate más abierto, plural y genuino, en el que se cuestionen las estructuras vigentes y se fortalezcan las bases de la participación ciudadana.
Su presencia en el Parlamento revela que una parte de la ciudadanía está dispuesta a considerar proyectos que rompen con el guion tradicional y abren nuevas preguntas sobre el rumbo político del país.




