Morir en la vereda
El titular del Mides, Gonzalo Civila, adjudicó las muertes de personas en situación de calle a razones ajenas a las bajas temperaturas y defendió las acciones emprendidas como el alerta roja por frío extremo, que habilitó la evacuación obligatoria de cientos de individuos a centros y refugios para proteger su salud y seguridad. Descartada entonces la hipotermia, como causa de muerte, ¿de qué murieron las seis o siete personas en los días en los que justamente el frío se hizo más que intenso?
El titular del Mides explicó en el Parlamento que la mayoría de los fallecidos padecían grandes problemas de salud previos y que llevaban años en la calle. El deterioro llegó a ser tan grande que provocó los decesos, casualmente en el período en que ingresó al país la primera ola polar. Pancreatitis hemorrágica por consumo de alcohol, consumo de caña blanca, tuberculosis, afección respiratoria, etc, fueron los resultados de las autopsias divulgadas públicamente por Civila.
¿Para nada influyó el frío, las condiciones climáticas? El Mides, desde su creación en 2005 por Tabaré Vázquez, tuvo entre sus cometidos “implementar, ejecutar y coordinar programas de Atención a la Emergencia Social, mediante la cobertura de las necesidades básicas de quienes se hallan en situación de indigencia y de extrema pobreza, buscando el mejoramiento de las condiciones de vida y su integración social”. Los 365 días del año.
En medio de este desastre naturalizado de muertes a la intemperie, el argumento utilizado por el Mides para deslindar responsabilidad no fue para nada feliz, similar o peor a aquel que sostenía que vivir en la calle era un derecho humano. Lo curioso es que el propio Mides se encarga de refutarlo al solicitar la declaración de alerta roja a las autoridades “por frío extremo exclusivamente para personas en situación de calle ANTE RIESGO DE VIDA POR BAJAS TEMPERATURAS”.
La respuesta ministerial, centrada en deslindar responsabilidades de esa Secretaría de Estado, resultó de una frialdad llamativa. Gélida. Y, a renglón seguido, lamentablemente, quedó más que probado que la decisión para poner en marcha el dispositivo interministerial demoró en tomarse. Como tardía también fue la reacción de la oposición. Parece claro que el denominado Plan Invierno, o como se llame, resulta a esta altura insuficiente. Morir en la vereda debería escandalizarnos a todos, tanto como vivir a la intemperie, no importa la causa ni el pronóstico del Inumet.




