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Lusiardo: “Nunca hay que olvidar, que estamos trabajando para ellos”

Lusiardo: “Nunca hay que olvidar, que estamos trabajando para ellos”

Para Alicia Lusiardo, la sociedad ha comenzado a abrazar más firmemente esta causa, reconociendo la tenacidad de las familias y los resultados de los hallazgos en los predios militares. 

La búsqueda de los detenidos desaparecidos en Uruguay ha sido un proceso largo y doloroso, marcado por la incertidumbre y la espera. Sin embargo, en el camino hacia la verdad, un grupo de profesionales ha trabajado desde 2005 para ofrecer respuestas a los familiares de las personas detenidas desaparecidas durante la última dictadura cívico militar de nuestro país.

Magistrada en Antropóloga Forense, Alicia Lusiardo, es la coordinadora del Grupo de Investigación en Antropología Forense (GIAF). El GIAF está conformado por antropólogos y arqueólogos de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República.

En una entrevista exclusiva para El Explorador, Alicia Lusiardo, nos comparte como es el proceso durante la búsqueda, sus protocolos, la relación con los familiares y que opina sobre el sentir de la sociedad.

Metodologías y protocolos en la búsqueda

El proceso de búsqueda y recuperación de restos comienza con una fase preparatoria esencial. El equipo sigue la Guía de buenas prácticas de la Asociación Latinoamericana de Antropología Forense, que establece directrices para cada etapa, desde la investigación preliminar hasta el análisis de los restos. 

Este manual asegura un trabajo ético y eficiente en cada caso. Además, se utiliza el Protocolo de Minnesota, «un protocolo modelo para la investigación de crímenes de lesa humanidad», que ofrece directrices específicas para la arqueología y antropología forense en casos de desapariciones forzadas.

La fase preliminar incluye una investigación exhaustiva que abarca el análisis de archivos, legajos, libros de cementerios, imágenes aéreas, satelitales y fotografías históricas. «Analizamos archivos, legajos, libros de cementerios y cualquier documento relacionado con el caso», explica. También se realizan entrevistas con familiares para obtener datos antropométricos vitales.

En la fase de búsqueda en terreno, se emplea tecnología no intrusiva como el radar de penetración y ondas electromagnéticas.

La excavación se lleva a cabo en cuadrículas de 10 por 10 metros, delimitando zonas de interés y utilizando trincheras de 5 metros por 1.40 metros para explorar el terreno hasta el horizonte C, donde es menos probable encontrar restos humanos.

Durante la excavación, se buscan cambios en la estratigrafía que puedan indicar enterramientos. «Se extraen todas las evidencias biológicas y no biológicas, manteniendo siempre la cadena de custodia».

Una vez recuperados los restos, son trasladados al laboratorio, donde se lavan, inventarían y reconstruyen si es necesario. «Si están fracturados, se reconstruyen para comprender mejor una posible lesión», explica. 

El análisis de los restos busca identificar a la víctima y determinar la causa de muerte, considerando aspectos como el perfil biológico, el sexo, la edad y la estatura. 

Para la identificación positiva, se realiza una prueba genética. «Normalmente, se extrae una pieza dental o un corte de un hueso largo», señala. Estos fragmentos se envían al laboratorio del Equipo Argentino de Antropología Forense en Córdoba para comparar el material genético con una base de datos. Este procedimiento puede llevar meses o años.

Desafíos técnicos y logísticos en la búsqueda

Uno de los desafíos técnicos que han presentado, fue el intento fallido de utilizar la tecnología LiDAR, una herramienta avanzada que permite realizar mapas detallados del terreno a través de un escaneo láser desde el aire. «Tuvimos reuniones técnicas con personal que ha trabajado con el equipo argentino de antropología forense y que ha utilizado esta tecnología en varios escenarios», explica Lusiardo.

Sin embargo, a pesar de su potencial, la propuesta fue rechazada por el Ministerio de Defensa de Uruguay, ya que no se podía utilizar sobre recintos militares ya que los aviones eran extranjeros. «El desafío de que exista una técnica y no la podamos usar es algo que hemos vivido», añade Lusiardo.

A su vez, las excavaciones suelen llevarse a cabo en áreas militares extensas y alejadas de comodidades básicas, lo que implica un esfuerzo físico y mental constante para el equipo de trabajo.  

Por otra parte, el transporte de los materiales necesarios para el trabajo, incluyendo herramientas de excavación, estructuras para la protección de los hallazgos y equipos de documentación, representa un reto adicional.

Por otra parte, nos menciona que: «cuando se produce un hallazgo, debemos hacer un despliegue de materiales que no usamos a diario», Esto implica la movilización rápida de equipos adicionales y recursos para asegurar que las evidencias sean protegidas y documentadas de manera adecuada. 

A modo ejemplo, Lusiardo nos cuenta los desafíos relacionados con las condiciones del terreno donde fueron recuperados los restos de Eduardo Bleier, en la barranca del arroyo Miguelete. «No es una excavación fácil, no había dónde pararse». La inclinación de la barranca complicaba el trabajo del grupo, no solo para maniobrar, sino también por el riesgo de accidentes. En estas condiciones, fue necesario desarrollar estrategias para evitar la pérdida de evidencia y garantizar la seguridad de los profesionales.

Otro ejemplo reciente que menciona fue el hallazgo de una estructura de cemento y cal que cubría los restos descubiertos en julio de 2024. «Tuvimos que partir la estructura con cincel». En este caso, el grupo tuvo que desarrollar un enfoque práctico para romper la estructura sin dañar los restos subyacentes.

Alicia Lusiardo, destaca que la formación académica y la experiencia acumulada les han permitido sortear los obstáculos que surgen en cada etapa del proceso. «Somos un equipo que ya tiene mucha experiencia y buena formación académica», lo que ha sido clave para abordar con éxito situaciones tan complejas.

Cadena de custodia: Preservando la integridad de las pruebas

La cadena de custodia es esencial para garantizar la integridad de las pruebas durante la investigación. El proceso inicia en la exhumación, donde cada elemento recuperado recibe un código único. «Este sistema de codificación, acordado antes de iniciar la recuperación, asigna un código tanto al sitio de excavación como a los restos encontrados». Los elementos individuales y los recolectados en conjunto reciben códigos distintos para asegurar una trazabilidad precisa.

El manejo adecuado de las pruebas implica el uso de materiales específicos para su almacenamiento y transporte. Los restos óseos se colocan en bolsas de papel libres de ácido, mientras que otros materiales, como artefactos no biológicos, se almacenan en bolsas de nylon. «Las cajas se sellan y firman por parte de quienes están a cargo, asegurando que no sean manipuladas de forma incorrecta durante el proceso de traslado».

Un documento de cadena de custodia acompaña a las pruebas, detallando los ítems recuperados, como el número de sobres o cajas, la descripción del contenido, la persona responsable, la hora y el motivo del traslado, y el destino final. 

En el análisis genético, se crea una «cadena derivada», que envía segmentos específicos o piezas dentales. Esta nueva cadena se vincula a la original, optimizando recursos y manteniendo la integridad de las muestras. La cadena derivada es crucial para la identificación de desaparecidos, permitiendo comparar pequeñas muestras de material genético con bases de datos familiares.

Impacto emocional: un reto humano y profesional

El impacto emocional es una realidad que, aunque difícil de cuantificar, afecta profundamente a quienes se enfrentan a la muerte y la violencia. 

“Es muy complejo trabajar con cualquier cosa relacionada con la muerte, con la violencia, con la incertidumbre y requiere de un temple especial y de por supuesto una vocación para hacer esta tarea” 

Lusiardo, menciona que la búsqueda, a menudo sin resultados durante años, puede ser desgastante. Además, el momento del hallazgo es particularmente difícil, ya que se debe de dar una explicación de las circunstancias y evidencias relacionadas con los últimos momentos de vida de la persona, que en muchos casos están marcados por trato inhumano y violencia. 

Reconociendo estos desafíos, el GIAF ha implementado recientemente un proceso de apoyo psicológico donde se les brindaron las herramientas para poder trabajar ante estas situaciones. 

Contacto con Familiares de Desaparecidos

En el contexto de nuestro país, donde muchas familias han pasado décadas en busca de respuestas sobre sus seres queridos, este momento se convierte en un equilibrio entre el dolor y la satisfacción.

El GIAF se enfrenta a las familias en uno de los momentos más dolorosos, Lusiardo nos explica que la tarea no es solo comunicar la identificación de los restos, sino hacerlo con la máxima sensibilidad y dignidad.

Este proceso permite a las familias iniciar un cierre del duelo que no habían podido experimentar debido a la prolongada incertidumbre.

A su vez nos dice que el abordaje varía según el contexto; en el caso de desapariciones recientes, se suele ofrecer asistencia psicosocial para apoyar a las familias que aún tienen la esperanza de encontrar a sus seres queridos con vida.

Sin embargo, en el caso de desaparecidos, se busca a personas fallecidas, lo que hace que la noticia del hallazgo y las circunstancias en que se encontraron los cuerpos se convierten en el foco principal.

Una vez que los restos han sido identificados, se sigue un protocolo para informar a las familias. La justicia es la primera en recibir el reporte de identificación, y posteriormente, los expertos invitan a las familias a visitar el laboratorio. Durante esta visita, se les proporciona una explicación detallada de la pericia, los métodos utilizados, y los resultados obtenidos. 

Este encuentro permite ver los restos, hacer preguntas y, si lo desean, quedarse a solas con ellos. Algunas personas optan por ver los restos, mientras que otras no. Además, se ofrece la posibilidad de que las familias regresen en otro momento. El objetivo es proporcionar toda la contención y la transparencia posible.

El rol fundamental de las familias 

El papel de las familias es central y fundamental. “Nunca hay que olvidar, que estamos trabajando para ellos, no importa si estamos dentro del sistema judicial, si somos independientes, si formamos parte de un equipo. La búsqueda la estamos haciendo porque ellos han denunciado una desaparición y por lo tanto son las figuras centrales del trabajo y de la tarea”.

Lusiardo explica que las familias son las que han mantenido viva la demanda de justicia y la investigación. Su involucramiento activo y persistente es crucial para que se continúe con las búsquedas y se avance en el proceso de identificación.

El rol se vuelve aún más vital en el proceso de identificación forense; es imprescindible contar con muestras genéticas de los familiares para poder realizar comparaciones.

Lusiardo resalta: “Aquí las figuras centrales no es el equipo de antropólogos, porque realizó un hallazgo, la figura central de todo esto son las familias, que son las personas para las cuales trabajamos todos y debemos trabajar todos”.

Momento de dignidad y agradecimiento en el proceso de identificación 

En el proceso de identificación forense, hay momentos que destacan por su profunda humanidad y significado. Uno de estos momentos conmovedores ocurrió en el laboratorio, donde los restos óseos de personas desaparecidas son tratados con el máximo respeto y cuidado.

Durante una de las visitas, un familiar tuvo la oportunidad de ver los restos en un estado que contrastaba drásticamente con las condiciones en que fueron encontrados. En el campo, los cuerpos habían sido enterrados de manera indignante, a menudo en fosas comunes llenas de basura, escondidos bajo losas, cal y evidencias de violencia.

La visión en el laboratorio era completamente diferente; los restos están limpios y ordenados, reflejando un tratamiento digno y respetuoso que contrasta con la brutalidad del hallazgo inicial.

En medio de este entorno, Lusiardo nos da una historia que quedó grabada en su memoria:

“Uno de estos familiares me tomó las manos y me las acarició diciéndome lo maravilloso que era que esas manos hubieran tocado los huesos y los hubieran limpiado y los hubieran cuidado con el amor que lo hacemos los antropólogos forenses«.

«Ese momento de estar tomada de las manos con esta persona, en el pasillo de nuestras oficinas a la salida del laboratorio y recibir esa caricia, la manera como me sostenía las manos, con la emoción que ella sentía en ese momento, para mí es uno de los de los momentos más conmovedores que recuerdo en el marco de la búsqueda”.

Estado y sociedad uruguaya

Consultada sobre la evaluación que hace ante la respuesta del Estado y la sociedad en general, Lusiardo indica que la sociedad ha ido “abrazando” cada vez más la causa desde distintos sectores, identificando mayoritariamente a la gente joven que se ha acercado a las familias y acompañado en las marchas, exigiendo la aparición de los restos. 

Siente que la sociedad ha comenzado a abrazar más firmemente esta causa, reconociendo la tenacidad de las familias y los resultados de los hallazgos en los predios militares. 

Por otra parte, la respuesta del Estado, en líneas generales nos explica, que es saber cuándo se va a terminar la búsqueda. Siendo la pregunta que realizan permanentemente: “¿Cuándo se va a terminar?” en lugar de proporcionar los medios necesarios para llevar a cabo el trabajo de manera efectiva. 

Por otra parte, en cuanto a la memoria histórica y la justicia en Uruguay, el trabajo de búsqueda e identificación tiene una importancia fundamental: “sin memoria no hay garantías de no repetición. No estamos sentando las bases necesarias para para impedir que estas cosas vuelvan a pasar y, sin memoria, no hay conocimiento de lo que somos como sociedad y lo que fuimos” 

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