La vida de nuestros militares no puede quedar a la deriva
El Estado tiene una obligación indelegable: proteger la vida de sus militares durante su formación. La exigencia física y la preparación para situaciones extremas requieren planificación seria, equipos adecuados y una capacidad de rescate efectiva.
La muerte del alférez Matías Vasella y de los cabos de primera Carlos Leandro Gómez y Juan Rocha interpela al país. El teniente segundo Braian Ruiz fue rescatado y, según la información oficial del 30 de octubre, permanecía internado. Detrás de cada nombre hay una familia y un proyecto de vida.
Según el Ejército, realizaban un ejercicio nocturno de 2.500 metros junto al muelle del Anglo, unidos a una cuerda madre. Un grupo se enredó con un objeto no determinado; durante la emergencia se cortó la cuerda y cuatro efectivos quedaron sumergidos.
La investigación debe esclarecer las condiciones del lugar, las decisiones adoptadas y la respuesta del rescate. También debe determinar si los equipos y los procedimientos de emergencia eran adecuados.
Defensa anunció una investigación. Ese compromiso debe traducirse en resultados verificables, responsabilidades cuando correspondan y correcciones concretas.
La formación militar incluye riesgos y exige controles rigurosos. Uruguay debe asegurar equipos, instructores capacitados y medios de auxilio eficaces. Quienes se preparan para servir al país tienen derecho a regresar a casa.




