Seleccionar página

La reclusión de Cristina Kirchner en la “República Popular de San José 1111”

La reclusión de Cristina Kirchner en la “República Popular de San José 1111”

Es jueves, 3 de julio. A las 18 horas,  es casi de noche en el sureño barrio Constitución de Buenos Aires. Un vallado de la municipalidad bonaerense protege la entrada al antiguo edificio reciclado de tres plantas, con guardias de seguridad las 24 horas. 

En el segundo piso, las dos veces presidenta y principal líder de la oposición purga la condena de seis años de prisión, en un departamento de unos 200 metros cuadrados, propiedad de su hija Florencia.

La residencia tiene dos amplios ventanales que dan a la calle. Uno cuenta con salida a un balcón de hierro forjado desde donde la exmandataria ha hecho sus últimas apariciones públicas. 

Llegar a este lugar es muy sencillo. Al taximetrista no es necesario darle la dirección.  Es suficiente solo con mencionar el nombre. “¿A lo de Cristina? Entonces, usted va a San José 1111, esquina Humberto 1º”, indicó muy seguro Pablo, un tachero porteño con cientos de viajes al mismo destino en las últimas tres semanas.  

La presencia de la también exvicepresidenta modificó la fisonomía del barrio. El edificio es hoy uno de los puntos más vigilados de Buenos Aires, desde que la Corte Suprema dejó firme la condena por corrupción en la llamada causa Vialidad y que el Tribunal Oral Federal N° 2 concedió el arresto domiciliario.

Prácticamente, desde el 17 de junio, las concentraciones de miles de militantes con cánticos y pancartas a favor de Cristina y abucheos en contra del gobierno de Milei se hicieron casi a diario y las salidas al balcón de la expresidenta se convirtieron en el momento más esperado. 

El aumento de la seguridad  produjo cambios evidentes en la zona: la delincuencia se redujo al mínimo, hace notar a El Explorador un militante kirchnerista, mate en mano. De esto dan fe las despensas, peluquerías y almacenes, como Carmela, que vende frutas, verduras y también carnes, y que está ubicada en diagonal a la residencia-cárcel. Pero además, cerca de allí, está instalada la nueva sala de atención del 911 de la Policía de la ciudad, lo que garantiza una respuesta rápida en caso de que sea necesario. 

Ya es casi de noche. El frío se hace sentir. La vigilancia policial se mantiene y aumenta con un segundo patrullero policial que acaba de llegar y que relevará al que ya estaba. Un grupo de militantes conversa en voz baja pero muy animadamente. 

Una de ellas forma parte de la Organización Madres de Plaza de Mayo y casi no ha faltado un solo día. Otro es un profesor de locución y la tercera es una funcionaria de Migración. Todos participaron en la concentración que hubo en la Plaza de Mayo para criticar la decisión judicial de mandar a Cristina a prisión, un día después del arresto. 

Para ellos, la detención forma parte de un plan para destruir al peronismo y perpetuar a un gobierno “insensible” de Javier Milei. Como dice la propia expresidenta: “Intentan callarla porque el modelo se cae”. 

Más tarde, se acercará al grupo otra militante que vende la “credencial oficial de visita” que es un carnet donde se lee “República Popular de San José 1111”, algo así como una estampita que el acólito militante se puede llevar de recuerdo.  

Desde que la municipalidad ordenó limpiar las paredes del edificio y colocó las vallas, ya no se ven cartas ni fotografías o banderas con mensajes dirigidos a la expresidenta.  

Pero los mensajes no cesaron. Una pared blanca de una casa cercana fue recubierta de ellos y así seguirá por los próximos seis años: “Cristina es inocente y lo saben”; “Vamos a volver”; “Si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar”; “Gracias a vos mi vieja se pudo jubilar”. 

Cae la noche. Menos los policías, casi todos parecen haberse ido a tomar un descanso. Algunos medios televisivos aún están en el lugar haciendo sus últimos reportes al cierre de una jornada intensa. Nadie diría que unas horas antes atravesó el umbral de esa puerta de hierro el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en medio de una multitud bulliciosa y de un fuerte dispositivo de seguridad.  

La determinación del presidente norteño, que tanto irritó al presidente Javier Milei, se cumplió apenas terminó la Cumbre del Mercosur, para la cual Lula había arribado a Buenos Aires el día anterior. La reunión duró casi una hora y el mandatario norteño se dio el gusto de abrazar a Cristina y desmarcarse del frío trato que había mantenido con Milei.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EDICIÓN DEL 18/12/2025

El Explorador edicion 33 - 18 dic-2025
Dr. Ignacio Curbelo presidente de Cabildo Abierto
Lic. Florencia Roldán Proyecto Crisálidas