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12 de octubre: la memoria como resistencia y dignidad

12 de octubre: la memoria como resistencia y dignidad

Lo que fue celebrado como hito de Occidente en América revela, hoy, su costado incómodo: la herencia colonial y las memorias indígenas y afrodescendientes que se niegan al silencio.

Cada 12 de octubre se reabre el debate sobre el pasado y la memoria. Durante décadas fue el “Día de la Raza”, luego pasó a llamarse “Día de la Diversidad Cultural”. En 2012 se intentó dar un paso más con un proyecto de ley que proponía denominarlo Día de la Resistencia Indígena y Afrodescendiente, pero la iniciativa quedó archivada. Hoy, colectivos culturales y artísticos buscan recuperar esas voces históricamente silenciadas.

Para Diego Alegre, fotógrafo, artista visual e integrante del Colectivo Nativo, el 12 de octubre no es un día de duelo, sino de orgullo. “Nadie descubrió América”, afirmó. Recuerda que el propio nombre del continente es una construcción europea, mientras que los pueblos originarios lo llamaban Abya Yala, tierra viva. Lo que realmente ocurrió, señaló, “fue un encuentro forzado, una invasión”.

Desde 2014 recorren el país recuperando relatos, imágenes y documentos de ascendientes charrúas. Su archivo se ha convertido en un espacio clave para la reconstrucción de una identidad que durante siglos se intentó negar. 

El trabajo busca justamente disputar esos relatos, a través de la fotografía y el contacto con comunidades del interior, registrando memorias familiares, prácticas culturales y saberes transmitidos sobre todo por las mujeres. “Ellas son las portadoras de la memoria oral, del conocimiento de las plantas medicinales, de las historias de resistencia y su rol ha sido fundamental para mantener viva la herencia charrúa”, destacó.

Isabel -Chabela- Ramírez y Julio César Salorio – Casa de la Cultura Afrouruguaya

«Memoria viva»

Según Alegre, ese orgullo se sostiene en la resistencia: la macroetnia charrúa, integrada por yaros, guenoas, minuanes y charrúas, enfrentó durante 300 años el avance colonial, hasta el episodio de Salsipuedes en 1831. “Jamás hubo un exterminio total. Hubo un intento de quebrar la resistencia, pero la memoria sigue viva”. Esa persistencia es, para Alegre, la raíz de lo que hoy se conoce como “garra charrúa”, mucho más que un término futbolero: es una herencia cultural y una expresión de identidad.

Además, insiste en que falta mucho por enseñar en las escuelas: “La historia oficial es la del vencedor. Apenas se dice que los charrúas eran cazadores y recolectores. Pero falta transmitir su cosmología, sus ritos, su relación con otros pueblos originarios. Falta contar que somos descendientes de una historia de más de 12.000 años en estas tierras. El mate que tomamos cada día es una herencia indígena. Sin esa memoria, no podemos entender quiénes somos los uruguayos” explicó.

Desde la Casa de la Cultura Afro Uruguaya, la lectura es clara: el fracaso de la propuesta parlamentaria para resignificar el 12 de octubre responde a un problema estructural. Según Isabel «Chabela» Ramírez, “La lectura personal que hago sobre esto es simplemente el racismo”, indicó. 

Además agregó que para la comunidad afrodescendiente, el 12 de octubre se vive como un día de duelo y resistencia. “El 11 de octubre es nuestro último día de libertad. El 12 no se toca un tambor, no se festeja nada. Sería ridículo celebrar una invasión”, explicó.

Un reclamo político y cultural

Para Ramírez, el reclamo no es solo histórico, sino político y cultural: “Lo que necesitamos no es únicamente reparación económica, sino dignidad. Que se reconozca la verdad, que se enseñen todas las memorias. Porque lo que hubo fue un doble genocidio: contra los pueblos indígenas y contra los pueblos africanos”, apuntó.

En la misma línea, el coordinador cultural de la institución, Julio César Salorio, subraya la necesidad de revisar la historia con una mirada crítica: “Ellos siempre vinieron a conquistar, cuando todos sabemos bien lo que eran los imperios maya, azteca, inca. El grado de medicina, de geología, de arqueología, de astrología que ya tenían era altísimo y, sin embargo, vinieron a aplastar todo eso diciendo que llegaban para humanizarlo. Eso es lo único que nosotros queremos revertir y para eso se necesita educación”. Agregó que la educación no debía ser abstracta o global “como aquel viejo mito de la paz mundial, sino una que muestre dos visiones reales para que la juventud y los niños empiecen a tener otra óptica de lo sucedido, que fue un genocidio. No hay otra palabra”.

En este sentido, el 12 de octubre es un espejo de las deudas históricas que aún persisten. Como subrayan Alegre, Ramírez y Salorio, recordar no es un gesto nostálgico, es un acto de dignidad y un compromiso con la verdad hacia el futuro.

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