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El Uruguay en transición

El Uruguay en transición

En 48 horas, asumirá un nuevo gobierno del Frente Amplio encabezado por Yamandú Orsi, elegido por la ciudadanía en segunda vuelta. Quedará atrás una nueva transición, la novena desde 1985. Buena, mala, regular. Lo trascendente es que sí la hubo. “El Uruguay en transición (1981-1985)” es el título de un excelente libro del investigador y profesor de historia Carlos Demasi (año 2022, tercera edición, Editorial de la Banda Oriental,  que describe las vicisitudes para llegar al 1° de marzo de 1985.

Las primeras páginas, precisamente, están dedicadas a reconstruir el clima que vivió el país hace cuarenta años, algo que vale la pena recordar y que permite, también, resignificar la importancia de los cambios de mando en nuestro país. Los uruguayos festejaban entonces haber dejado atrás la pesadilla de la dictadura y depositaban sus esperanzas en la democracia recuperada, que nacía con muy buena imagen en el exterior a pesar de las dificultades internas que debió enfrentar.

El caso uruguayo se visualizó como el modelo de un proceso de cambio de régimen en términos “civilizados”. La evidencia mostraba en ese momento que un ejército no dejaba el poder expulsado por un levantamiento civil, sino porque sufría una derrota externa (casos de Portugal, Grecia o Argentina), o cuando, sabiéndose agotado, impulsaba desde la cúpula una lenta transferencia del poder, como en el caso de Brasil. Uruguay era el caso de una dictadura de duración breve en términos relativos que acordaba el traspaso del poder directamente a los representantes civiles, sin la participación del gobierno.

Era ejemplo, sostiene Demasi, de una “feliz conjunción” entre políticos sagaces y generales comprensivos en la que nadie ganaba todo ni salía completamente derrotado. En esa fecha, asumió la presidencia Julio María Sanguinetti, que simbolizó el inicio de un proceso de reconstrucción política y social en el país. En líneas generales, la reinstalación de la democracia se recibió con gran esperanza y entusiasmo por parte de la población uruguaya. La valoración que se hace de 40 años ininterrumpidos de democracia en Uruguay es, en general, muy positiva.

Este período permitió al país consolidar a las instituciones democráticas, promover el respeto por los derechos humanos y fomentar la participación ciudadana. Uruguay es reconocido por su estabilidad política, su sistema electoral transparente y su compromiso con la justicia social. Además, durante estas cuatro décadas, Uruguay ha logrado importantes avances en áreas como la educación, la salud y la igualdad de género, en las que la sociedad civil ha jugado un papel activo en la defensa de los derechos y en la promoción de políticas inclusivas. Sin embargo, también es importante reflexionar sobre los desafíos que persisten, como la desigualdad económica, la violencia y la necesidad de seguir fortaleciendo la democracia participativa. En resumen, la llegada de un nuevo gobierno es motivo de celebración, pero también abre una nueva oportunidad para seguir trabajando en la mejora continua de la sociedad uruguaya.

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