El Niño: qué es, por qué influye en Uruguay y cómo prepararse para sus efectos
Cuando se habla de El Niño, muchas veces la explicación se resume a al calentamiento de las aguas del océano Pacífico. Sin embargo, detrás de esta definición hay un fenómeno climático más complejo que influye en las lluvias, las temperaturas y la frecuencia de eventos extremos en distintas partes del mundo, incluido Uruguay.
La presidenta del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet), Madeleine Renom, explicó que El Niño forma parte de un sistema natural de variabilidad climática que alterna entre tres estados: una fase cálida, conocida como El Niño; una fase fría, llamada La Niña; y períodos neutros entre ambos.
“Es un modo de variabilidad que hace variaciones interanuales del clima a nivel global, que pueden cambiar cómo se comporta el clima un año con respecto a otro. Es parte del sistema climático y es una interacción entre el océano y la atmósfera”, señaló.
El fenómeno se desarrolla en el océano Pacífico ecuatorial central y no responde a una periodicidad fija. Según explicó Renom, puede repetirse aproximadamente cada dos a siete años.
Aunque ocurre a miles de kilómetros de Uruguay, sus efectos llegan hasta esta región porque las modificaciones que se producen en los trópicos alteran la circulación de la atmósfera y de los océanos en todo el planeta.
Para ilustrarlo, la meteoróloga utilizó una comparación sencilla: “Es como cuando tiro una piedra en un lago. Se generan ondas que se van propagando y esa perturbación termina afectando a todo el lago. Eso es lo que ocurre con este fenómeno a nivel global”.
La especialista recordó que se trata de un fenómeno conocido desde hace siglos: “Se detectó desde el punto de vista atmosférico, estamos hablando de finales del 1800. Es un fenómeno que siempre ha estado”.
Consecuencias de El Niño según la región
Los efectos de El Niño no son iguales en todos los continentes. Mientras en el sudeste de América del Sur suele asociarse a un aumento de las precipitaciones, en otros lugares del mundo puede generar exactamente lo contrario.
“Para nosotros representa precipitaciones por encima de lo normal en determinada época del año. Sin embargo, en Australia un fenómeno de El Niño está asociado a sequía y déficit de precipitaciones”, explicó Renom.
Actualmente, el fenómeno es monitoreado de forma permanente por el proyecto TOGA (Tropical Ocean Global Atmosphere) mediante una red internacional de boyas oceánicas, observaciones satelitales y modelos numéricos que permiten seguir la evolución de la temperatura del mar tanto en la superficie como en las capas subsuperficiales.
Los científicos observan especialmente una región del Pacífico conocida como Niño 3.4, donde el aumento sostenido de la temperatura permite confirmar el desarrollo del fenómeno.
Renom indicó que para que oficialmente se considere un episodio de El Niño, la anomalía de temperatura debe mantenerse por encima de 0,5 °C durante al menos tres a cinco meses consecutivos.
A partir de esa intensidad, el fenómeno se clasifica como débil, moderado, fuerte o muy fuerte.
¿Qué puede pasar en Uruguay?
Aunque El Niño suele asociarse inmediatamente con lluvias abundantes, sus efectos no son idénticos en todo el territorio nacional ni durante todo el año.
Según explicó la presidenta de Inumet, en Uruguay la señal más clara es un incremento de las precipitaciones, especialmente entre octubre y enero, con un nuevo pico durante abril.
Sin embargo, no solamente cambia la cantidad de lluvia, también modifica la forma en que llueve.
Renom explicó que en el norte del país aumenta la frecuencia de eventos extremos de precipitación diaria, mientras que en el sur el comportamiento puede ser diferente.
“En el norte del país ese aumento mensual se explica porque tengo más días con lluvias muy importantes. En cambio, en el sur aumenta la lluvia en algunos meses, pero no cambia demasiado la frecuencia de eventos extremos”.
Esto significa que algunas regiones pueden enfrentar tormentas más intensas y acumulados importantes en pocas horas, con mayor riesgo de inundaciones.
En cuanto a las temperaturas, señaló que durante el invierno en donde se establece el fenómeno, suelen registrarse valores superiores a los normales para la estación, aunque aclaró que existen otros factores climáticos que también influyen en el comportamiento del tiempo.

Recuperación hídrica o riesgo de inundaciones
Luego de varios años marcados por una intensa sequía, podría pensarse que un episodio de El Niño representa únicamente una buena noticia para el país. Sin embargo, Renom advirtió que la situación es más compleja.
Las lluvias ayudan a recuperar las reservas de agua, pero si ocurren de forma muy intensa también generan nuevos problemas: “No va a ser una situación de sequía, se va a ir recuperando, pero el tema es cómo llueve. Si llueve muy fuerte también hay muchos problemas de erosión porque arrastra la tierra hacia los cursos de agua”.
Además del impacto sobre el agro, existe potencial para que se produzcan inundaciones en distintas cuencas del país. Por ese motivo, Inumet comenzó a trabajar junto al Congreso de Intendentes y otros organismos estatales para que cada departamento pueda planificar con anticipación las acciones necesarias.
“La idea es prepararse para minimizar los impactos. Hay tiempo para trabajar porque el evento va a venir. Entonces es momento de planificar qué obras realizar, cómo organizar eventuales evacuaciones y qué medidas tomar para reducir riesgos”.
La especialista recordó además que el aumento de la variabilidad climática hace que el país pueda pasar, en pocos meses, de un escenario de déficit hídrico a otro con lluvias excesivas.
Cómo monitorea Inumet
El seguimiento de El Niño no depende únicamente de las imágenes satelitales. Renom explicó que el monitoreo combina observaciones oceánicas, mediciones atmosféricas y modelos físicos que permiten anticipar la evolución del sistema climático.
Toda esa información es utilizada para elaborar pronósticos estacionales y brindar herramientas de planificación a distintos sectores del país, desde organismos públicos hasta productores agropecuarios.
Además, el instituto continúa fortaleciendo su capacidad tecnológica. Entre los principales avances mencionó la incorporación de radares meteorológicos, que permitirán mejorar los pronósticos de muy corto plazo, especialmente para tormentas severas.
«Va a mejorar muchísimo la parte que nosotros llamamos ‘nowcasting’, es decir, los avisos a muy corto plazo para tormentas convectivas.»
También informó que Inumet trabaja en un rediseño del sistema de monitoreo, nuevas advertencias con mayor anticipación y mejoras en su sitio web para facilitar el acceso de la población a la información meteorológica.
Informarse por canales oficiales
Ante cada anuncio relacionado con El Niño suelen multiplicarse mensajes alarmistas. Frente a ese escenario, Renom recomendó consultar siempre la información difundida por organismos oficiales y evitar dejarse llevar por publicaciones sin respaldo científico.
“El alarmismo lo que hace es paralizar. Lo que buscamos desde los servicios meteorológicos es brindar la mejor información para que las personas puedan tomar precauciones y estar preparadas”, agregó.
La presidenta de INUMET recordó que episodios intensos de El Niño ya ocurrieron en otras oportunidades, como en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. “Ya ha habido eventos muy fuertes. Lo importante es aprender de esas experiencias y prepararnos para minimizar sus impactos”.
Por ese motivo, el organismo mantiene reuniones con ministerios, intendencias, instituciones vinculadas al agro, organizaciones sociales y organismos de emergencia, con el objetivo de que la información llegue con anticipación a todos los sectores que puedan verse afectados.
Para la población, la principal recomendación es mantenerse informada a través de los canales oficiales de Inumet y seguir las advertencias meteorológicas cuando se emitan, entendiendo que conocer con anticipación los posibles escenarios permite reducir riesgos y actuar de forma más segura.






