Estrategia Nacional de Desarrollo: gobierno, empresarios y trabajadores buscan acuerdos para impulsar el crecimiento a largo plazo
El gobierno dio inicio al proceso de elaboración de la Estrategia Nacional de Desarrollo, una hoja de ruta de largo plazo que buscará orientar el crecimiento del país sobre la base de acuerdos amplios entre el Estado, el sector empresarial y los trabajadores.
El lanzamiento, encabezado por autoridades de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), marca el comienzo de una etapa de diálogo y construcción colectiva orientada a articular políticas públicas, inversión privada y capacidades del sistema científico-tecnológico, en línea con lo establecido en el Presupuesto Quinquenal 2025-2029.
La iniciativa tendrá una conducción tripartita, con participación del gobierno, el PIT-CNT y la Confederación de Cámaras Empresariales (C.C.E), e integrará también a actores sociales, académicos y territoriales de todo el país, en un proceso que busca consolidarse como un espacio amplio de intercambio y planificación estratégica.
Desde el Poder Ejecutivo se plantea que la estrategia no solo apunta al crecimiento económico, sino también a fortalecer la cohesión social, la convivencia y la sostenibilidad, en un contexto donde el país enfrenta desafíos vinculados a la transformación productiva, el cambio demográfico y la reducción de desigualdades.
En este marco, el proceso que ahora comienza buscará traducirse en lineamientos concretos hacia los próximos años, con una mirada de desarrollo que combine competitividad, inclusión y proyección de largo plazo.
En este contexto, El Explorador entrevistó a dos protagonistas clave de la iniciativa: Rodrigo Arim, director de la OPP, y Leonardo Loureiro, presidente de la Confederación de Cámaras Empresariales.

Mirada de la OPP
El economista destacó que «el tema central es el acuerdo que tenemos entre distintos actores institucionales». Estos actores, además de los mencionados, incluyen a la Comisión del Futuro del Parlamento Nacional y al Congreso de Intendentes, quienes buscan «generar un espacio de trabajo común de cara a diseñar una estrategia nacional de desarrollo».
Arim señaló que el acuerdo con la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), junto a otros actores de Naciones Unidas y la academia, apunta a «colaborar en traer algunas experiencias de América Latina y el Caribe de planificación, en particular con el que le estamos desarrollando nosotros, esa planificación por misiones».
Esquema de trabajo
El director enfatizó que «lo central es la capacidad que tengamos desde el Uruguay de armar un esquema de trabajo que nos permita identificar nudos de problemas de política que hacen al desarrollo». La estrategia apunta a articular dimensiones productivas, sociales y ambientales, con tres áreas definidas como prioritarias.
La primera es la «competencia», es decir, «la capacidad de nuestras cadenas de valor, de insertarse competitivamente en el mundo». Explicó que abarca desde la política, ciencia, tecnología e innovación hasta las relaciones laborales y la inserción internacional.
La segunda área prioritaria es la «productividad». Arim indicó que, dadas las tendencias poblacionales de Uruguay, donde «no va a seguir creciendo desde el punto de vista demográfico», la «fuente principal de crecimiento es la productividad». Esto implica «la capacidad que tengamos de generar más valor, en lo económico, pero también en lo social y cultural a partir de los recursos que tenemos», siendo el más importante «la propia población».
El tercer elemento es la «sustentabilidad». Señaló que es «un imperativo moral de todos los actores políticos» y que, además, «Uruguay tiene en la sustentabilidad un elemento de diferenciación en el mundo». Mencionó logros como «la matriz energética con un alto nivel de sustentada fundamentalmente recursos renovables».
Crecimiento sostenido para la población
No obstante, subrayó la necesidad de «seguir avanzando tanto en eficacia, como en eficiencia en los usos de los distintos recursos» y «asegurar la sustentabilidad desde el punto de vista medioambiental y social». Concluyó que «no hay crecimiento posible sin que ese crecimiento tenga una repercusión en el bienestar de toda la población».
El proceso se proyecta en dos etapas: diálogo durante 2026 y decisiones a partir de 2027. Arim expresó que, más que adelantar resultados, el objetivo es «identificar esas conversaciones, que ese intercambio explique espacios muy tangibles donde la política puede cambiar o ayudar a acelerar algunos procesos de desarrollo en Uruguay».
Para 2026, la meta es «terminar el año con la identificación de algunos instrumentos de política concretos en distintas áreas», que deben ser, además, un compromiso de largo plazo que “trasciende más allá de una administración de gobierno».

Mirada del sector empresarial
Desde la Confederación de Cámaras Empresariales, el lanzamiento de la Estrategia Nacional de Desarrollo es considerado «un hito importante», según Leonardo Loureiro, presidente de la institución. Destacó la relevancia de que actores como el sector de los trabajadores, a través del PIT-CNT, el sector empresarial, la academia y el gobierno compartan una misma mesa.
Loureiro remarcó la importancia de que la ciudadanía comprenda la trascendencia de estas conversaciones, ya que «algunas iniciativas de estas han quedado en el camino». Por ello, el objetivo es identificar «tres o cuatro puntos en donde podamos decir, hay chances de cambiar la pisada del punto de vista de crecimiento del país, el desarrollo y pensar ya con luces largas y no solamente de temas estructurales».
El proceso es bien recibido por el sector empresarial: «nos gusta, estamos contentos», y también valoró la incorporación de la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) para la coordinación, así como la metodología elegida.
En cuanto a las prioridades, explicó que, aunque aún se están definiendo las mejores alternativas de trabajo, la agenda empresarial se enfoca en «el tema educación, la innovación, la competitividad y la inserción internacional». Loureiro subrayó que «al final sobre esos temas son los que vamos a trabajar».
Desafíos históricos
Respecto a por qué Uruguay no ha logrado sostener este tipo de iniciativas, Loureiro señaló desde una opinión personal: «creo que a veces lo que termina pasando es que quedan por consenso y luego como que se diluye». Comparó esta situación con «Queríamos hacer leche entera y terminamos haciendo leche deslactosada», lo que implica que «se pierde la esencia».
Esto deriva en que «se generan algunas hojas de ruta que deberían ser con mayor aceleración o impacto y siento que se le pasa por arriba al tema”. Como ejemplo, indicó que «podríamos tener hoy un avance mucho mayor este a nivel de la sociedad, del uso de la inteligencia artificial, si hubiese tomado las decisiones que teníamos que haber tomado hace 6 o 7 años». La preocupación radica en «cuando se pierde el momento para poder hacer algo específico este en donde poder hacer el foco».
Actualmente, «sentimos que es el momento de trabajar diferente». Se busca evitar procesos extensos que pierdan fuerza con el tiempo. El objetivo es «tener cosas concretas puestas sobre la mesa en ejecución con acciones específicas a partir de agosto, septiembre», es decir, en el segundo semestre.
Acuerdos y tensiones con los trabajadores
La iniciativa de estas conversaciones surgió entre el sector empresarial y el de los trabajadores, a través del PIT-CNT. El propósito es «encontrar cuatro temas en las agendas en donde nos pongamos de acuerdo y eso sirva para acelerar los procesos de nuestras organizaciones del país, o sea, en el desarrollo del país».
Más allá de las tensiones, el enfoque está en «saber cuáles son las en lo que estamos de acuerdo para que eso sea lo que apretemos el acelerador para avanzar», explicó el empresario.
Por otra parte, el sector empresarial busca en la Estrategia, la “previsibilidad, reglas claras y un Estado facilitador” como ejes clave para el desarrollo. Según sostienen, “Uruguay debe apostar al conocimiento como motor, ya que un modelo centrado solo en commodities no permitirá avanzar, aunque incluso sectores como la carne incorporan alto valor a través de la innovación”. Y agregó que el desafío está en “mejorar la productividad y la competitividad”.
Compromiso con la innovación
Finalmente, el sector empresarial reconoce que «somos uno de los sectores que menos hemos invertido en la innovación». Por lo tanto, «tenemos que agregar y compartir eso, es parte de una de las cosas que queremos trabajar activamente». El objetivo es «incorporar mayor cantidad de innovación para mejorar la competitividad y la productividad».
Fotos: Presidencia de la República




