Alejandra Picco sobre el trabajo en Uruguay: “Los nuevos puestos son de menor calidad”
La coordinadora técnica del Instituto Cuesta Duarte, la economista Alejandra Picco, pone sobre la mesa en una entrevista con El Explorador una lectura clara y directa del momento que atraviesa el mercado laboral en Uruguay.
A partir del último informe del instituto, Picco hace un diagnóstico que combina datos concretos con una advertencia: los números generales pueden ser buenos, pero esconden señales que no sería conveniente ignorar.
“En 2025 el comportamiento del mercado de trabajo siguió lo que fue el comportamiento de la actividad económica”, explica, marcando desde el inicio que el empleo no puede analizarse aislado del contexto general. Y es justamente esa mirada -que cruza los datos del informe con la coyuntura económica- la que permite entender mejor el escenario actual.
Porque si bien el país cerró el año con niveles altos de empleo y actividad, la entrevista deja en claro que hacia el final de 2025 comenzaron a aparecer señales de desaceleración y problemas en la calidad del trabajo. “Sobre finales de 2025 empezamos a ver ese enlentecimiento”, advierte Picco.
En ese cruce entre cifras y realidad concreta -entre lo que muestran los datos y lo que empieza a sentirse en el día a día- se construye el análisis del mercado laboral hoy. Y es allí donde aparecen los principales desafíos: subempleos e informalidad.
Un año con buenos números, pero con freno
Los datos del último trimestre de 2025 muestran una tasa de actividad de 64,6%, una tasa de empleo de 60% y un desempleo de 7,2%. En números, eso implica más de 1,7 millones de personas ocupadas.
Sin embargo, estos promedios esconden lo que pasó hacia el cierre del año. Picco explica que el mercado de trabajo siguió, aunque con cierto retraso, lo que ocurrió en la economía.
“Cuando miramos lo que sucedió con el Producto Bruto Interno, tuvo un muy buen primer semestre y, sin embargo, en la segunda parte del año hubo un enlentecimiento muy fuerte”, señala. Incluso menciona que hubo “un tercer trimestre de caída desestacionalizada del producto y un último trimestre prácticamente congelado”.
Ese freno empezó a sentirse en el empleo. “En el mercado de trabajo eso lo vimos con un poco más de rezago y sobre finales de 2025 empezamos a ver ese enlentecimiento”, explica.
Por eso, advierte que los promedios anuales pueden confundir: “Cuando miramos los datos promedio, la creación de esos 26.000 puestos de trabajo no la percibimos”. Es decir, el crecimiento existió, pero no refleja lo que estaba pasando al final del año.
El propio informe confirma esta idea al señalar que en el último trimestre “el empleo mostró una leve caída y el desempleo aumentó respecto a trimestres anteriores”.
Más empleo, más precario
Uno de los puntos más importantes del análisis es que no todo empleo es igual. Aunque hay más personas trabajando, las condiciones de esos trabajos son, en muchos casos, peores.
El informe indica que aumentaron el subempleo y la informalidad, lo que implica que parte de los nuevos puestos son inestables, con menos horas o sin aportes a la seguridad social.
La economista explica que desde el instituto se observa que “ha aumentado el subempleo, la informalidad, lo que nos marca un poco lo que tiene que ver con la creación de nuevos puestos de trabajo o las nuevas personas ocupadas”.
Y agrega que esto habla de una inserción laboral de menor calidad: “Personas que se insertaron en puestos de trabajo quizás de menor calidad”.
El subempleo alcanzó el 9,1% y la informalidad el 21,7% en el último trimestre de 2025. Esto significa que una parte importante de los trabajadores quiere trabajar más horas o directamente no está registrada.
Un problema que preocupa hoy y a futuro
La informalidad es uno de los temas que más preocupan. No solo por lo que implica en el presente, sino también por sus consecuencias a largo plazo.
Picco plantea que “el no registro en la Seguridad Social implica la desprotección de los trabajadores, lo que tiene connotaciones presentes, pero también futuras”. Y agrega que “personas que hoy no están aportando a ningún sistema previsional no van a tener tampoco protección en el futuro”.
Aunque Uruguay tiene mejores niveles en comparación con otros países de la región, la cifra sigue siendo alta. “Algo más de uno cada cinco ocupados no está registrado”, advierte.
Además, señala que este problema está muy relacionado con otros: “Los puestos de bajos ingresos, los salarios sumergidos, tienen un vínculo muy grande con el no registro y con la pobreza”. Y agrega que “tenemos más del doble de personas no registradas que desocupadas”.
Un problema que no es igual en todos lados
Para el Cuesta Duarte, la informalidad no afecta a todos por igual. Está concentrada en ciertos sectores, territorios y tipos de trabajadores.
Picco explica que, por un lado, hay empleos de muy baja productividad: “Se trata de puestos de trabajo que no son lo suficientemente productivos para que los trabajadores puedan tener un ingreso suficiente y además estar registrados”.
En esos casos, la formalización es más difícil. Pero también hay espacios donde sí se puede avanzar. “Hay margen para disminuir la informalidad en algunos sectores”, sostiene.
Menciona, por ejemplo, el servicio doméstico, en el que “una de cada dos trabajadoras no está registrada”, y también el trabajo por cuenta propia, en el cual la informalidad es más alta que entre los asalariados.
También aparecen las diferencias territoriales. “Los territorios con mayores niveles de pobreza son también los que tienen mayor porcentaje de trabajadores no registrados”, señala, mencionando departamentos como Artigas, Rivera y Cerro Largo.
Género: más dificultades para las mujeres
El informe y la entrevista coinciden en que las desigualdades de género siguen siendo fuertes. En el caso de las mujeres, son las que tienen menor nivel de empleo y mayor subempleo al compararlas con los hombres.
Picco lo vincula con un tema que ya ha sido abordado desde diferentes sectores políticos y sociales: los cuidados. “Para las mujeres es difícil sostener un puesto de trabajo si no tienen resuelto el tema de los cuidados”, explica.
Esto afecta especialmente a quienes son jefas de hogar. “Las mujeres referentes de hogares monoparentales tienen muchas dificultades para sostener trayectorias laborales”, señala.
Además, la economista lo relaciona directamente con la pobreza: “Entre los hogares pobres, el 70% tienen jefatura femenina”. Y cuando logran insertarse en el mercado laboral, muchas veces lo consiguen en condiciones más precarias, haciéndolo en “puestos informales, inestables y con bajos ingresos”.
Cierres de empresas y cambios en el empleo
En los últimos meses se han dado varios cierres de empresas que generaron preocupación. Sin embargo, Picco señala que esto no siempre se ve reflejado en los datos generales. “Cuando mirás los datos agregados no se ve con tanta claridad”, explica.
Lo que puede estar pasando es un cambio en la composición del empleo, ya que “muchas veces esos puestos se sustituyen por otros de menor calidad”.
Esto implica que, aunque el número total de empleos no caiga, sí puede empeorar su calidad.
¿Qué puede pasar en 2026?
El futuro del mercado laboral está muy ligado a la economía. Y en ese punto hay señales de alerta. La economista advierte que “las proyecciones de crecimiento se están revisando a la baja” y que hay “un momento de mucha incertidumbre”.
Esto puede impactar directamente en el empleo: “Puede haber una menor creación de puestos o incluso destrucción de empleo”. Por lo tanto, insiste en la necesidad de seguir monitoreando la situación.
Las prioridades: empleo de calidad y desarrollo
De cara al futuro, el desafío no es solo crear empleo, sino mejorar su calidad. Picco plantea que es necesario avanzar en una “estrategia nacional de desarrollo” que promueva empleo “genuino, sostenible y de calidad”.
También menciona algunas líneas concretas, como el promover sectores que generen empleo formal; mejorar la inserción de jóvenes; avanzar en políticas de cuidados y reducir la jornada laboral.
Sobre este último punto, señala que puede ayudar a mejorar la calidad de vida y facilitar la inserción laboral de algunos colectivos.
Además, plantea la necesidad de medidas redistributivas: “Una mayor tributación para el 1% más rico” para financiar políticas contra la pobreza.
Un mercado laboral con avances, pero con tensiones
El balance final deja un panorama complejo. Uruguay logró recuperar niveles de empleo y mantener bajo el desempleo. Pero ese crecimiento no ha sido parejo ni suficiente en términos de calidad.
El propio informe resume que hay buenos niveles de actividad y empleo, pero también “brechas importantes entre distintos grupos de la población”.
En definitiva, el mercado de trabajo muestra avances, pero también límites claros. El desafío ahora es transformar esos números en empleo estable, formal y con mejores condiciones.
Porque, como deja entrever el análisis, no se trata solo de cuántos trabajan, sino de cómo trabajan.
Foto: Portal Pit-Cnt




