Gabriela Rieiro y la valoración de “pintar el alma del vino”
La iniciativa “Vitivinicultura como Cultura Viva del Uruguay”, impulsada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Educación y Cultura y el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI), tuvo su lanzamiento en el Palacio Santos el 22 de abril, con una propuesta que combinó diplomacia, identidad y arte.
En ese marco, la exposición de la artista Gabriela Rieiro —abierta al público entre el 22 y el 30 de abril— se convirtió en uno de los ejes más sensibles de la jornada.
En una entrevista exclusiva para El Explorador, la artista repasó su proceso creativo, el camino recorrido durante más de una década y el peso emocional de llevar su obra a un espacio cargado de historia.
Una iniciativa que une cultura, diplomacia y producción
El lanzamiento, realizado en Cancillería, reunió a autoridades como el canciller Mario Lubetkin, el ministro de Educación y Cultura José Carlos Mahía y el presidente del INAVI Diego Spinoglio, junto a representantes del cuerpo diplomático y Uruguay XXI.
La propuesta busca posicionar la vitivinicultura como una expresión de la cultura viva del país, integrando saberes, memoria, territorio y proyección internacional. En ese contexto, se firmó la Declaración de Palacio Santos y se abrió una agenda de trabajo que apunta a fortalecer el vínculo entre producción, identidad y cultura.
La jornada incluyó además intervenciones artísticas, música en vivo y la exposición de Rieiro, instalada en la Sala Figari, donde dialogó con objetos históricos del vino.
“Pintar el alma del vino”
Durante la entrevista, Rieiro repasó el camino que la llevó a consolidar una identidad artística singular: trabajar con vino como materia viva. “Hoy me siento plenamente la artista que pinta el alma del vino”, afirmó, tras más de diez años de trabajo.
La artista reconoció que durante mucho tiempo dudó de la legitimidad de su propuesta dentro del mundo del arte, debido a que “era discutible si el vino se podía tomar como materia dentro del mundo museístico”.
El momento clave llegó con el ingreso de una de sus obras al acervo del Museo Nacional de Arte de China, una experiencia que, según explicó, le dio el respaldo que sentía que le faltaba, ese “uno por ciento” de certeza para confirmar que su trabajo estaba en el camino correcto.

El Palacio Santos
Exponer en el Palacio Santos para Rieiro, implicó una carga simbólica que atravesó toda la experiencia. “Me evocó la historia, el patrimonio… cuando tenés tanta historia de peso, como artista te tenés que hacer cargo”, explicó.
La artista contó que imaginaba su obra dialogando con otras épocas, como un puente entre el pasado y el presente. Esa idea también se reflejó en la integración de sus piezas con objetos históricos del INAVI, generando una narrativa común entre arte y tradición.
El resultado fue una muestra pensada en cada detalle, desde la iluminación hasta la disposición espacial, con el objetivo de potenciar una experiencia sensorial sumamente completa.
El vino como materia viva y espejo del tiempo
Uno de los conceptos centrales de su obra es la idea del vino como elemento vivo, en constante transformación. Rieiro explicó que sus piezas no son estáticas ya que cambian con el tiempo, se oxidan, evolucionan, “del mismo modo que lo hacen las personas”.
En ese sentido, sostuvo que su trabajo propone un paralelismo entre el paso del tiempo en el cuerpo humano y en la materia artística. “Nosotros también nos añejamos y la obra sigue evolucionando incluso cuando nosotros ya no estamos”.

El detrás de escena
La artista hizo hincapié en el esfuerzo cotidiano que implica sostener una carrera y en las dificultades para ser reconocida en el país. En ese sentido, sostuvo que “en tu casa es donde más difícil es que te crean”, y explicó que muchas veces los artistas uruguayos necesitan consolidarse primero en el exterior para luego ser valorados a nivel local.
Desde su experiencia personal, reconoció que aún existe “un mundo dentro del arte en Uruguay que no reconoce lo que hago”, aunque aseguró que su participación en esta iniciativa marcó un punto especial en su trayectoria. “En este evento sentí que Uruguay me estaba posicionando, me estaba reconociendo”, afirmó, al tiempo que destacó la importancia de integrar el arte dentro de una propuesta más amplia vinculada a la cultura viva.
En esa misma línea, remarcó el trasfondo invisible del trabajo artístico: “la lucha diaria nadie la ve”, frase que sintetiza años de trabajo, búsqueda y persistencia detrás de cada obra.
Arte, identidad y una experiencia colectiva
Más allá de lo individual, Rieiro valoró el carácter colectivo de la propuesta. La integración entre diplomacia, cultura y producción permitió generar una convocatoria inusual para el arte local, con más de 200 personas en el evento.
Para la artista, este tipo de iniciativas son clave para acercar el arte a nuevos públicos. En ese sentido, destacó que su objetivo no es imponer una interpretación, sino despertar inquietudes: “Quiero que se lleven preguntas… necesitamos humanos curiosos”, concluyó.










