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¿Qué celebramos el 18 de julio?

¿Qué celebramos el 18 de julio?

Uruguay se ha cuestionado, como pocos países en América Latina, cuál fue el momento en que nació como Estado independiente. Si bien cada 25 de agosto celebramos el “Día de la Independencia”, la controversia histórica coloca otras dos fechas en el foco de esta discusión: el 18 de julio y el 4 de octubre. 

El debate se instaló en el Parlamento uruguayo en 1923, aunque tampoco logró zanjarse y terminó en un “empate salomónico”. La Cámara de Diputados votó por declarar el 25 de agosto de 1825 como fecha de la Independencia y el Senado se inclinó por el 18 de julio de 1830, día en que se juró la primera Constitución.

La disyuntiva dividía a los dos partidos tradicionales uruguayos: el Partido Nacional era partidario de la primera fecha, y el Partido Colorado, de la segunda. El tema volvió al ámbito legislativo en 2005, aunque sin efecto alguno, cuando el expresidente y senador colorado Julio María Sanguinetti propuso cambiar la fecha nacional y sostuvo que celebrar la independencia el 25 de agosto suponía un “error histórico”.  El 25 de agosto de 1825 se proclamaron en la Piedra Alta de Florida las tres leyes fundamentales de la Provincia Oriental. La primera declaró a la Provincia Oriental “libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador de Brasil, y de cualquiera otro del universo, y con amplio poder para darse las formas que, en uso y ejercicio de su soberanía, estime conveniente”.

Sin embargo, la segunda ley aprobada ese día declaró “la unión con las demás Provincias Argentinas, a las que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce”.

Hay quienes consideran que esta fecha representa más una declaración de “soberanía provincial” que una verdadera declaración de independencia nacional. Otra visión considera a la sanción de la Constitución de 1830, jurada el 18 de julio de ese año, como el auténtico punto de partida de la organización del Estado Oriental como República independiente. Y hay una tercera posición que establece que la verdadera independencia se alcanzó el 4 de octubre de 1828 con las ratificaciones de la Convención Preliminar de Paz. Ese día, con una mediación británica, se puso fin a la guerra entre el imperio de Brasil y las Provincias Unidas por el control de lo que pasaría a ser el Estado Oriental del Uruguay. El Explorador entrevistó por este tema al  historiador Alejandro Giménez, quien destacó que Uruguay es un país en el que, entre sus peculiaridades, está la de, precisamente, “no tener una fecha de la independencia”.  Agregó que la independencia, no solo del  Uruguay sino de toda Iberoamérica, debería observarse como un “proceso que abarca los primeros treinta primeros años del siglo XIX en el que los distintos virreinatos y gobernaciones pasan luego a convertirse en los futuros Estados nacionales”. La independencia del Uruguay tiene dos etapas diferenciadas: entre 1810 a 1820, la etapa artiguista, que concluye con la derrota del proyecto de la Liga Federal y el retiro de Artigas al Paraguay.  La segunda etapa culmina en 1830 con la independencia del Uruguay como entidad jurídica y política. “Yo entre las dos fechas prefiero la de 1830. La vida independiente del país comienza cuando los orientales juran la Constitución”, sostuvo Giménez en entrevista con El Explorador. La Constitución estableció un régimen unitario, republicano y confesional, con la religión católica como oficial y una ciudadanía restringida a propietarios y alfabetos, en el que votaba un 5% de la población de 74.000 habitantes. “Cuando se dice que esos doctores habían generado una Constitución de cara a Montevideo, fue en realidad la Constitución posible, nunca se iba a dar mayor participación en esa época, porque no era el momento histórico”. Para Giménez, “hay que tener cuidado al abrir ese tipo de juicios, era la Constitución que podíamos tener en ese inicio de vida independiente”.  En la Declaratoria de Independencia del 25 de agosto de 1825, la provincia oriental “muestra su voluntad de ser autónoma en un momento de guerra en la región. Hay un tema de autonomía pero no de independencia, aunque en las leyes sí figuró la formulación de la independencia”. 

Por otro lado, señala Giménez,  “se estaban generando en la mayoría de los países americanos, salvo Brasil que se independiza como imperio, modelos de democracia representativas, limitadas obviamente, cuando al mismo momento en Europa se estaba discutiendo todavía si volver al absolutismo o generar monarquías constitucionales”.  En ese sentido, América estaba adelantada respecto a Europa, que salía del período napoleónico, que incluso en 1815 plantea el retorno al absolutismo”. En relación a la Convención de 1828, Giménez no suscribe que se diga que Uruguay “es una creación de Inglaterra” porque “ningún país va a aceptar que la independencia sea producto de la negociación de otros dos. La independencia no puede ser una concesión graciable porque sería desconocer el espíritu de orientalidad que ya existía desde la etapa artiguista”.  Recordó que “hay un historiador, Vicente Caputti, que fue uno de los sostenedores de la teoría del 28 como el año de la independencia; así como mi profesor Guillermo Vázquez Franco fue otro de los seguidores de esta teoría, fallecido hace muy pocos meses con cien años”.

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EDICIÓN DEL 26/3/2026

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