Jaime Saavedra: “Que el capitalismo llegue a las prisiones”
A siete meses de haber asumido la presidencia del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa), el licenciado Jaime Saavedra aseguró en entrevista con El Explorador que el proceso de modernización institucional avanza con una intensidad que, según el presidente, supera las expectativas iniciales. “Estamos muy contentos porque todas las iniciativas programáticas que fueron establecidas están todas en ejecución ya en distintas fases”, afirma. Además, subraya que el respaldo político y comunitario les brinda una valoración altamente positiva respaldando todo el proceso del Inisa.
Para Saavedra, el instituto atraviesa un momento único: “Nos han ocurrido cosas increíbles y nos están por ocurrir cosas más increíbles todavía”. Pese a no haber cumplido el primer año, el balance, asegura, “es extraordinariamente positivo”.
Por otra parte, el presidente define la composición del actual directorio como un hecho inédito: “Por primera vez desde el retorno de la democracia, el presidente y el Poder Ejecutivo resignaron la mayoría. Yo soy del oficialismo, minoría en este directorio, Daniel Radío es del Partido Independiente y Ángel Fachinetti es del Partido Colorado”. Para Saavedra, esta estructura plural es un valor en sí mismo: “Si nos va bien, creo que es un gran mensaje para el país”.
La “batalla madre”: una carrera funcional transparente
Al hablar de los principales obstáculos encontrados al asumir la presidencia, Saavedra explica que se trata de la discrecionalidad histórica en la carrera funcional. “El Inisa y buena parte del Estado uruguayo tienen márgenes de discrecionalidad que no ayudan”. Incluso ejemplifica: “Si yo hubiera querido a partir del primero de abril, cuando asumí, habría podido definir con mi dedo 686 encargaturas, solo porque el director presidente así lo estimaba. Y eso no nos ayuda”.
Para él, la institución necesita reglas claras, concursos transparentes y previsibilidad: “Hay un propósito, para ese propósito hay ciertos cargos, funciones asociadas a esos cargos (…) y una carrera administrativa para que la gente pueda concursar de modo cristalino, sereno, sin que haya lugar a ninguna duda”.
La llamada “batalla madre” se está dando junto con el sindicato donde “hay una comisión que ya está funcionando con representantes de todos los actores interesados”, la Oficina Nacional del Servicio Civil y expertos externos. El compromiso es terminar el período con la nueva estructura organizacional aprobada y en funcionamiento.
Además, se está trabajando en áreas con rezagos, especialmente la jurídica. “Estaban muy comprometidas en cuanto a los atrasos -desde el 2021-, que felizmente también ya se están ajustando”.
Amplia red de convenios y expectativas
En pocos meses, el Inisa firmó acuerdos con la Cámara de Senadores, la Junta Nacional de Drogas, Unicef, la Federación Uruguaya de Basketball, Dirección Nacional de Apoyo al Liberado, el Museo de las Migraciones, intendencias, empresas públicas y privadas, entre otros. Saavedra describe la receptividad como “fantástica” destacando que se han “sentido abrazados por el espectro político y por la comunidad”.
Menciona que aparte de haber logrado múltiples convenios “sumamente interesantes”, han tenido visitas de figuras distinguidas como el presidente de la República, Yamandú Orsi, la vicepresidenta, Carolina Cosse, el prosecretario de Presidencia, Jorge Díaz, ministros y ministras, así como directores de empresas públicas y privadas, tanto en la Colonia Berro como el Batallón Belloni. Las visitas de autoridades generaron un impacto notorio en los centros donde “hay mucha expectativa”.
Señala que el objetivo es doble. Por un lado, abrir los centros: “Que conozcan a los gurises, al funcionariado del Inisa, que es un funcionario muy comprometido y talentoso”. Por el otro, generar oportunidades concretas para el “día después”. “Tratar de que los chiquilines cuando salgan no vuelvan nunca más”.
«Las Fuerzas Armadas tienen que participar»
También, destaca un convenio en ciernes con el Ministerio de Defensa y el Ejército, el cual se espera sea firmado antes de que culmine el año. Considera también que “las Fuerzas Armadas tienen que participar en esta causa tan noble”, teniendo “mil cosas para ayudar”. Sobre todo, con “el grueso” de los jóvenes privados de libertad a los cuales describe como “almas en pena” sobre quienes se deben focalizar las políticas públicas.
Considera que al 90% de estos jóvenes “les han fallado todas las instituciones desde que nacieron”. “La familia no pudo, no pudo la escuela, no pudo el liceo y algún día puede el Ministerio del Interior y los meten en cárcel”, por lo cual desde el Inisa se busca transformar la institución como un lugar “creíble y querible” para “reinstitucionalizar” a los jóvenes.
Por otro lado, menciona el proyecto liderado por Richard Read, que será lanzado con apoyo sindical, empresarial y político: “Van a formar una fundación para trabajar con 80 gurises, cerca del 20% de los chiquilines que tenemos en privación de libertad”. El próximo lunes 24 de noviembre será el lanzamiento en el Palacio Legislativo de la mano de expresidentes y exvicepresidentes, representantes de todos los partidos políticos, cámaras empresariales y el movimiento sindical, lo que Saavedra considera “un hermoso mensaje”.
Más alternativas que privación de la libertad
Uno de los datos que más destaca es poco conocido: “Tenemos más medidas alternativas que privación de libertad, desde hace 10 años”. Esta tendencia se mantuvo y profundizó incluso durante el gobierno de coalición. Recuerda que el momento en el que más se acentúa esta tendencia “es en la coalición republicana. Los hechos superan a los discursos”.
Para Saavedra, Uruguay tiene condiciones excepcionales: funcionarios comprometidos, jueces penales que conocen los centros, articulación interinstitucional y una escala manejable: “330 en privación de libertad y 413 en medidas alternativas”. Advierte que este número varía día a día.
La clave, asegura, es evitar que la realidad del sistema penitenciario adulto -cada vez más crítica, ya que se estima habrá 20.000 privados de libertad para 2029- se replique en adolescentes: “Si nosotros cuidamos bien la ‘gurisada’, estamos haciendo un aporte muy importante”.
Convivencia, seguridad y formación
Saavedra reconoce un incremento significativo de adolescentes vinculados al narcotráfico, especialmente en conflictos entre bandas. “Entra Jaimito, entra Pedrito […] y no se pueden cruzar. Entonces lo que hay que hacer es una ingeniería cotidiana para tratar de que no se produzcan conflictos innecesarios”.
Pero el desafío de fondo, sostiene, requiere formación y conocimiento académico. Para ello firmaron un convenio con investigadores de la Universidad de la República “para irnos formando en esta área que a nosotros nos desafía, porque es un fenómeno relativamente nuevo”.
Para Saavedra, el combate real no es económico: “Con la plata no competís. Nadie compite con el narco con plata. Y además, ¿desde cuándo el educador compite con plata?”.
“Nosotros tenemos un formidable ofrecimiento que hacer: venir a vivir en comunidad. Ese es el gran ofrecimiento”. Describe la vida delictiva como “una porquería llena de violencia y tristeza” frente a la vida cotidiana, afectiva y estructurada que ofrece la integración social.
“Cuando uno trabaja desde la piedad y el amor, nueve de cada diez es uno”, afirma. Y recuerda que, en su trayectoria, los jóvenes nunca le pidieron dinero: “Venían a pedirme trabajo, recuperar a sus familias, abandonar la droga. Eso me venían a pedir”.
“Que el capitalismo llegue a las prisiones”
Una de las propuestas más innovadoras es convertir los centros del Inisa en espacios fiscales donde puedan instalarse empresas que contraten a los adolescentes. Saavedra ejemplifica diciendo que de nada sirve tener 250 hectáreas si no se pueden utilizar. “Tengo que poner los espacios de los que dispongo a favor de mi propósito como institución”.
Considera que el trabajo brindaría la parte de “ciudadano” a los más jóvenes: “En el trabajo te ponés contento, a veces triste, a veces te frustrás, te enamorás. Eso es ser ciudadano”.
Saavedra lo llama “la zona franca del pobrerío”, una cuestión que nace al observar un país que ofrece oportunidades a sectores que, según él, no están relacionados con quien el presidente del Inisa ha trabajado durante años.
El proyecto -el cual se encuentra dentro de la ley presupuestal y espera ser aprobado por Diputados- busca inversión privada dentro de los centros de reclusión que brinde trabajo a los jóvenes. La apuesta es “que el capitalismo llegue a las prisiones. Que vivan, que disfruten de ‘las mieles’ del capitalismo”.
De la mano, se espera crear una agencia de carácter privado que se encargue de dos aspectos específicos. El primero, desarrollar el proyecto con la “velocidad que un privado necesita”. El segundo, contratar personas vinculadas al mundo empresarial “con ese expertise” necesario para llevar las riendas con procedimientos cristalinos en cuanto a los beneficios y responsabilidades de las partes.
Carencias estructurales: prioridad para 2026
Saavedra plantea que, de cara a 2026, su principal obsesión será resolver las carencias estructurales de los centros. “No puede ser que en Uruguay tengamos normalizado que en privación de libertad se viva y se trabaje en condiciones inaceptables”, afirmó, al señalar que hoy hay jóvenes -y también funcionarios- habitando y desempeñando tareas en espacios que no cumplen estándares básicos. Vidrios rotos, paredes sin pintar y baños deteriorados forman parte de un escenario que, asegura, no puede continuar.
El objetivo es reparar todo lo existente sin construir nuevas unidades y sin pedir más presupuesto, apoyándose en las cuadrillas de mantenimiento, cooperativas, en el INR y también en los propios adolescentes privados del Inisa que quieran trabajar. Adelanta que el presupuesto incorpora una novedad: la posibilidad de contratarlos y pagarles formalmente por esas tareas.
“De repente no cumplimos el objetivo en un año, pero que la gente vea que dejamos todo en este desafío y que digan: ‘estos muchachos no pudieron, pero lo intentaron’. Y vamos a poder”, concluyó.





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