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El peronismo no logra un liderazgo único frente a Milei y busca reconstruirse antes de las elecciones 

El peronismo no logra un liderazgo único frente a Milei y busca reconstruirse antes de las elecciones 

El peronismo argentino atraviesa una etapa de redefinición que, según la politóloga y periodista Cecilia Degl’Innocenti, comenzó mucho antes de la llegada de Javier Milei al poder. 

En diálogo con El Explorador, la especialista en Relaciones Internacionales sostuvo que el principal partido de oposición está “en transición” al menos desde que Mauricio Macri “le arrebató la presidencia al peronismo en las urnas”, y que ese proceso se profundizó tras el fracaso económico de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner y de Alberto Fernández.

Degl’Innocenti explicó que el espacio atraviesa “tres momentos al mismo tiempo”: la crisis por la derrota electoral de 2023, la falta de “un liderazgo ordenador” frente al fenómeno libertario y una reconstrucción territorial que todavía no define si terminará en un peronismo unificado o en “un espacio más federal con más polos de poder y menos centralidad en un liderazgo único” como el que supo tener Cristina Kirchner.

Cuatro peronismos y una coalición de liderazgos

Consultada sobre las variantes internas del espacio, la periodista citó al politólogo Alejandro Horowitz y su clásico “Los cuatro peronismos” para explicar que el movimiento nunca fue homogéneo: contuvo tanto al Estado benefactor de Juan Domingo Perón en 1946 como al neoliberalismo de Carlos Menem en los años 90. Esa contradicción histórica, dijo, hoy se traduce en una fragmentación todavía mayor.

Según su lectura, el peronismo actual se ordena en al menos cuatro corrientes. Por un lado, el kirchnerismo “más ligado a la figura de Cristina”, con La Cámpora y dirigentes como Máximo Kirchner o Eduardo (Wado) de Pedro, de impronta más asociada al progresismo. Por otro, el peronismo de los gobernadores, “más pragmático” y volcado a la negociación con el Gobierno, con referentes como Osvaldo Jaldo, que pesan en el Senado pero carecen de proyección presidencial. En un tercer lugar ubicó a Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, a quien describió como “la figura más fuerte en términos de imagen” para enfrentar a Milei, aunque enfrentado con La Cámpora por la conducción del espacio. Completan el mapa el Frente Renovador de Sergio Massa y los sectores sindicales y territoriales —la CGT y los intendentes—, cuyo eje pasa por la organización territorial antes que por la disputa ideológica.

“Hoy el peronismo es más una coalición de liderazgos e intereses que un partido homogéneo”, resumió Degl’Innocenti, y aclaró que esos sectores “no son compartimentos estancos”, sino que se superponen entre sí.

Sin narrativa propia frente a Milei

Sobre la estrategia opositora, Degl’Innocenti diferenció dos posturas: la confrontación más nítida que encabeza el kirchnerismo en el Congreso y la de los gobernadores, que priorizaron negociar recursos y gobernabilidad antes que el choque permanente con la Casa Rosada, como quedó en evidencia durante la discusión de la Ley Bases.

Para la politóloga, el problema de fondo no pasa solo por las tácticas legislativas sino por la ausencia de un mensaje claro hacia la ciudadanía. “El peronismo todavía se está debatiendo si impulsa una renovación más profunda en términos de liderazgo o directamente se pone como una fuerza de choque”, señaló. 

El desafío, agregó, es narrativo: Milei construyó su identidad política apelando a las emociones y capitalizando un enojo social preexistente, mientras que la oposición “no es solamente reorganizar liderazgo, sino construir ese vínculo con un electorado que ya no se siente representado por las viejas formas de hacer política”.

El ascenso de un outsider

La velocidad con la que Javier Milei construyó su capital político fue uno de los ejes de la entrevista. Para Degl’Innocenti, el mandatario invirtió la lógica tradicional: no armó un partido para después construir un liderazgo, sino que primero forjó una identidad mediática —a partir de su exposición en programas de televisión— y una comunidad política que lo siguió antes de contar con una estructura partidaria.

“Él (Javier Milei) logra capitalizar el desgaste de los partidos tradicionales después de años de crisis económica y desconfianza hacia la dirigencia”, explicó, y describió ese proceso como una “comunión” con la bronca social existente, sin intermediarios ni estructuras partidarias de por medio. 

Una vez en el Gobierno, sostuvo, Milei mostró capacidad para negociar con buena parte de la misma “casta” que había criticado en campaña —el PRO (Propuesta Republicana), gobernadores y sectores del peronismo—, lo que le permitió gobernar pese a su discurso antisistema.

Un modelo que se exporta

Consultada desde su cobertura de política internacional, la periodista sostuvo que Milei “más que exportar su modelo libertario, se convirtió en el gran portavoz de una narrativa regional antiestablishment”, en sintonía con el alineamiento con Donald Trump y la nueva doctrina de seguridad hemisférica de Estados Unidos. Mencionó como ejemplos de esa red transnacional a Abelardo de la Espriella en Colombia, a Nasry Asfura en Honduras y al hijo de Jair Bolsonaro en Brasil, Flávio Bolsonaro.

Sin embargo, matizó que no se trata necesariamente de una “ola libertaria” calcada de la ola progresista del boom de los commodities de comienzos de siglo. “Tiene que ver más con un castigo que reciben los oficialismos por el hartazgo social ante una clase política que no da respuestas”, explicó, y citó el deterioro de la seguridad y el avance del narcotráfico como factores adicionales que erosionan a los gobiernos de turno, sin importar su signo político. En ese sentido, remarcó que el fenómeno “no significa que la gente sea más conservadora o más libertaria”, sino que el electorado “no quiere votar si no le dan una respuesta rápida”, lo que vuelve el voto “mucho más volátil”.

Un mapa regional sin un único signo ideológico

Para Degl’Innocenti, América Latina vive “un momento de redefinición” marcado por el debilitamiento de los oficialismos —progresistas, conservadores u outsiders por igual— y el crecimiento de liderazgos personalistas y discursos de mano dura. 

Descartó que exista un único ciclo ideológico dominante y habló de “una crisis de representación política” con matices propios en cada país, en la que los electorados muestran cada vez menos lealtad partidaria y mayor disposición a respaldar a dirigentes que prometan cambios drásticos.

Sobre el modelo de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador, que en Uruguay también se discute a raíz de la situación de inseguridad, la politóloga afirmó que “es un discurso que gana elecciones”, aunque advirtió que eso conviva con denuncias de organismos de derechos humanos sobre las prácticas del gobierno salvadoreño.

Señaló además que el uso de ese discurso de mano dura ya no es exclusivo de figuras outsiders: en Argentina, dirigentes del establishment político también lo adoptaron al comprobar que “hoy por hoy rinde” entre el electorado.

Argentina, camino a las urnas

Consultada sobre cómo se prepara el sistema político argentino de cara a la próxima elección (octubre, 2027), Degl’Innocenti anticipó que el Gobierno de Milei “va a plebiscitar su programa económico”: si los indicadores se sostienen, el oficialismo buscará presentar los comicios como una ratificación del rumbo; si se deteriora algún indicador clave, el escenario se le puede complicar. La visita reciente de la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, fue leída como un respaldo internacional al plan económico, aunque la politóloga remarcó que tanto el organismo como los inversores le reclaman al Gobierno que el ajuste no se prolongue indefinidamente.

La entrevistada consideró, de todos modos, que la clave de la elección está puesta hoy en la oposición. Mientras el peronismo bonaerense —con Kicillof al frente de “un gigante de pies de barro”, según lo describió, por las limitaciones que le impone la ley de coparticipación federal— disputa la conducción con La Cámpora, el PRO de Mauricio Macri “perdió su identidad” frente a un espacio libertario que lo absorbe como opción antiperonista.

“Va a ser una prueba sobre si el sistema político argentino se termina de reconfigurar en torno a la figura de Milei o si el peronismo logra construir una alternativa competitiva que parta de un diagnóstico real de la gente”, cerró Degl’Innocenti, quien remarcó que el desafío de la oposición pasa por convertirse en una oferta partidaria que la ciudadanía esté dispuesta a “comprar”, y no solo en una administradora del Estado como ocurrió tras el gobierno de Macri.

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EDICIÓN DEL 30/7/2026

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