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Cuba desarrolla medidas ante el recrudecimiento del bloqueo por parte de Estados Unidos

Cuba desarrolla medidas ante el recrudecimiento del bloqueo por parte de Estados Unidos

iCuba duele!, la nueva ofensiva de Trump contra los envíos de petróleo a la isla ¡duele! y no podemos verla como una sanción más. Basta con recorrer sus calles, observar los rostros de sus habitantes. Miremos un poco al interior y evaluemos cómo un corte de suministro eléctrico a escala nacional ya obliga a racionar ambulancias, posponer cirugías, paralizar la normalidad en el ámbito educativo, y qué decir del transporte. 

Habría que ser muy ingenuo, o muy cómplice, para llamar a esto “como una presión diplomática”. Lo que está ocurriendo en Cuba desde 1962 hasta la actualidad no es una medida coercitiva más dentro del largo historial de hostilidad estadounidense. Es sin lugar a dudas una estrangulación, y no a un gobierno, sino a un pueblo sometido a una asfixia traducida en apagones, falta de suministros en la mayoría de los sectores, y falta de sustento desde todos los ejes posibles. 

Es muy fácil por parte de Trump firmar una orden ejecutiva que declara una supuesta emergencia nacional y establece un mecanismo para imponer aranceles a aquellos países que se atrevan a suministrar petróleo a Cuba. ¿Recordamos?: cualquier gobierno o empresa que facilite crudo a la isla se enfrentará a represalias comerciales con Estados Unidos. ¿Traducción?: el mensaje no admite matices, quien envíe combustible a los cubanos, paga.

Pese a que el presidente estadounidense retiró estos aranceles conforme a la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, las emergencias nacionales declaradas en esas órdenes ejecutivas y el resto de sus decisiones permanecerán en vigor. Sin embargo, el bloqueo y la asfixia sigue. 

Lo importante aquí no es la firma del documento, sino cómo esto recrudeció la situación de la Mayor de las Antillas. Aproximadamente una semana después de anunciadas las medidas del presidente estadounidense, el gobierno cubano comparecía en televisión para anunciar lo que ya se intuía desde las largas colas  en las gasolineras y en los barrios alumbrados a la luz de una vela: ¡No hay combustible suficiente para mantener el país en óptimo funcionamiento!

Y cuando un país como Cuba, sometido a un bloqueo de más de seis décadas, dice que no tiene combustible, no habla de daños menores, sino que está hablando de la insuficiencia de cumplir con las necesidades indispensables para una sociedad. Luego de esto, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos expresó sin tapujos, sin medias tintas: el acceso a bienes esenciales como combustible y electricidad es “fundamental para el derecho a la vida”. Y subrayó que más del 80% del bombeo de agua en Cuba depende de la electricidad. ¡Cuando no hay luz, no hay agua! ¡Cuando no hay agua, no hay higiene! ¡Cuando no hay higiene, la salud pública se resiente!. Sí, una cadena. 

Al respecto, el gobierno cubano respondió con la implementación de un plan de contingencia para todos los sectores. Planes que incluyen la concentración de actividades administrativas de lunes a jueves. Los medios de transporte masivos como los trenes nacionales circularán una vez cada ocho días. Por otro lado, los servicios de ómnibus quedan suspendidos. Las cirugías programadas se postergan; solo operarán las urgencias. Los métodos diagnósticos que consuman electricidad se reducirán al mínimo. Las universidades acudirán a la modalidad semipresencial.

Apoyo internacional a Cuba

Propongo centrar el tema de la descentralización de las clases. En un país que ha hecho de la medicina y la educación su principal bandera internacional, los futuros médicos dejarán de recibir clases presenciales en esta ocasión por la “Pandemia Trump”. No hay diésel para que los profesores se desplacen o para que los generadores funcionen. Esa es la textura real de una sanción que no aparece en los titulares de los grandes periódicos, pero que sí aparece en las aulas vacías, en las enfermeras, profesores, administrativos o personal de servicio que llegan a pie porque no hay transporte.

México, mientras tanto, ha enviado dos barcos con 814 toneladas de alimentos y productos de higiene. La presidenta Claudia Sheinbaum ratificó que seguirán haciéndolo, aunque por el momento declaró que no enviarán combustible. Conviene detenerse en esta imagen, donde el valor no es la ausencia de temor, sino la voluntad de seguir adelante a pesar de él. Eso hace Sheinbaum, eso hace Cuba. 

Sheinbaum, eso sí, dice que “es el propio pueblo cubano quien debe decidir cómo se gobierna. No debe haber intromisión ni injerencia de nadie”. Hoy lo que está haciendo Washington no es de sorprender, es su modus operandi a lo largo de la historia. Y con Cuba no solo presiona a un gobierno, sino que condiciona la vida de once millones de personas hasta hacerla materialmente insoportable. Con el único objetivo y esperanza de que esa presión genere un estallido interno que justifique una intervención o un cambio de gobierno.

Esta estrategia no es nueva, ya la habían ensayado con Venezuela, Nicaragua, en tantos otros lugares donde el imperio disfraza de defensa de la libertad lo que es pura política de extorsión y presión. La novedad, si acaso, es el descaro con que se ejecuta. Nadie se molesta ya en ocultar que el objetivo es paralizar el país. La orden ejecutiva de Trump no habla de promover la democracia ni de proteger derechos humanos, sino de petróleo y de aranceles. 

Y funciona, Cuba ha tenido que posponer las ventas de combustible en moneda nacional y racionar las ventas en divisas a 20 litros por cliente a través de un sistema de turnos. El servicio marítimo entre Nueva Gerona y Batabanó se reduce a dos salidas semanales. La Serie Nacional de Béisbol sigue adelante, pero con ajustes organizativos para ahorrar combustible. Quien ha bebido de la cultura del Caribe sabe que el béisbol es una religión para los cubanos, que ahora también se ajusta a la escasez.

El gobierno refiere que estas medidas forman parte de un plan para proteger los servicios esenciales. Hoy, la normalidad se ha roto, la nación se enfrenta a una escasez de combustible que afecta también a las redes de protección social, programas de alimentación escolar, hogares maternos, residencias de ancianos, haciendo un pequeño énfasis en los más vulnerables, los cuales reciben el impacto directo de una decisión tomada a 60 millas desde un despacho sin conocer el verdadero significado de “necesidad”. Por otro lado, Cuba anunció también que acelera la instalación de paneles solares. Lo que para muchos se considera una apuesta estratégica que cualquier país debería hacer, para el país caribeño es una medida ante la situación que atraviesa. Y es una realidad que la transición energética no se improvisa en semanas, lleva años, inversiones y tecnología. 

Cuba al pie del combate

Mientras tanto, el pueblo sigue a expensas del crudo importado y de una producción nacional insuficiente, pues el gobierno reconoce que el petróleo cubano es pesado, que se usa para generar electricidad, y que en 2025 lograron revertir la tendencia a la baja, pero no es suficiente. Teniendo en cuenta esto, Sheinbaum dijo algo que debería grabarse en la memoria colectiva y es que los objetivos políticos no pueden justificar acciones que violen los derechos humanos de millones de personas. Se dijo en el Alto Comisionado de la ONU y debería repetirlo bien en alto cualquiera que aún crea que el derecho internacional significa algo.

Esto no se trata de suscribir modelos políticos, no se trata de un gobierno, se trata de un pueblo. Se trata de que si aceptamos como normal una sociedad que pretenden que entre en crisis humanitaria, ¿a eso le llaman política exterior? Eso es genocidio, eso es castigo colectivo, y eso está prohibido por las Convenciones de Ginebra. Pero da igual, porque nadie va a llevar a Estados Unidos ante un tribunal. No hay tribunal para juzgar a las grandes potencias cuando deciden que un pueblo pequeño debe pagar por sus caprichos sexagenarios.

Mientras tanto, Cuba no agacha la cabeza, en Cuba los médicos seguirán haciendo lo que pueden con lo que tienen. Los maestros llevarán sus conocimientos esta vez a través de una pantalla, pero no dejarán de llegar. Y el transporte que une ciudades, familias y amigos, con solo una vez que circule a la semana, tal vez al mes, funcionará como recordatorio de que la distancia entre la política y la vida cotidiana es mucho más corta de lo que creemos. El resto es silencio, demasiado silencio.

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