Carolina Sendic: “Era necesario escribir todo lo que yo viví con mi padre”
El pasado 16 de marzo, cuando se cumplieron 101 años del nacimiento de Raúl Sendic, El Explorador recibió a su hija, Carolina Sendic, quien presentó su primer libro: Mi padre, Raúl Sendic. La obra propone mirar al histórico líder del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros desde una perspectiva distinta: la de la vida cotidiana, la intimidad familiar y la relación entre un padre y su hija.
Publicado por la editorial Fin de Siglo, el libro reconstruye el vínculo entre ambos a partir del reencuentro ocurrido en 1985, cuando Sendic recuperó la libertad tras trece años de prisión durante la dictadura. A través de recuerdos, fotografías, cartas y testimonios, la autora ofrece un retrato humano que se aparta del bronce de la figura política.
Durante su visita a Montevideo, Carolina Sendic conversó en exclusiva con El Explorador. En la entrevista, habló sobre el origen del libro, la figura de su padre, el impacto que ha tenido la publicación y el significado personal de volver al país.
El origen de una historia íntima
El libro comienza con una escena cargada de simbolismo: el reencuentro entre una adolescente y un padre al que apenas conocía. “Yo tenía quince años. Quince años aguardando, sin saberlo, esa noticia”, escribe la autora en las primeras páginas del libro, al recordar el viaje que la llevó a encontrarse con su padre el 22 de noviembre de 1985 en La Habana, pocos meses después de su liberación.
La historia de ese reencuentro es el punto de partida de una narración que recorre distintos países -Cuba, Francia, Suiza y Uruguay- y que reconstruye la relación que ambos pudieron construir durante los últimos años de vida de Sendic.
La motivación para escribir, explica Carolina Sendic, fue profundamente personal. “Ante todo, la motivación es muy personal. Era necesario que yo escribiera o desarrollara todo lo que yo viví con mi padre, porque de alguna manera lo tenía adentro”.
A su vez, el impulso surgió de una pregunta familiar. “Mi hijo me preguntó varias veces cómo era el abuelo. Y me di cuenta de que la memoria es muy selectiva. Lo describía, pero decía: hay cosas que he comenzado a olvidar, tengo que escribirlas”.
Ese proceso comenzó durante el confinamiento de la pandemia y tomó forma definitiva el año pasado. “En agosto decidí que necesitaba encontrar esa paz escribiendo y transmitir lo que yo viví. Es simplemente la relación de un padre con una adolescente”.
Volver a la mirada de la adolescencia
Uno de los rasgos particulares que tiene la obra es su voz narrativa. Gran parte de la historia está contada desde la perspectiva de la adolescente que descubre a su padre, una decisión literaria que implicó volver a un tiempo muy distinto de la vida. Consultada por esta experiencia, Sendic explica que debió concentrarse “mucho para volver a mi adolescencia mientras escribía”.
La autora buscó recuperar el lenguaje sencillo de aquella etapa y la frescura de una mirada juvenil. “Tenía ese lenguaje muy simple con mi padre, de adolescente tropical, porque me crié toda mi vida en Cuba. Mantener esa frescura fue importante”.
Reconoce que “no fue difícil” volver a esa mirada adolescente y que, más de una vez mientras escribía, recordaba con alegría las anécdotas e historias pasadas.
El resultado es una narración fluida y cercana que permite al lector acompañar la construcción de ese vínculo tardío entre padre e hija.
El líder político y el padre cotidiano
La figura de Raúl Sendic ocupa un lugar central en la historia política del Uruguay. Fundador del MLN-T, sindicalista rural y dirigente revolucionario, su trayectoria estuvo marcada por la clandestinidad, la cárcel y la resistencia durante la dictadura.
Sin embargo, el libro propone mirar esa figura desde otro ángulo. Según la autora, el objetivo fue mostrar la dimensión humana detrás del personaje histórico. “Ampliar lo que ya conocemos de mi padre, pero sobre todo eso, lo humano”, afirma.
En el relato aparece un hombre austero, curioso, profundamente interesado por el conocimiento y con un humor constante. “Mi padre es el primer ser humano que me enseñó que reírse es patrimonio de la humanidad”, recordó.
A pesar de una agenda política intensa, Sendic siempre encontraba tiempo para compartir con su hija. “Empezaba muy temprano con reuniones y terminaba tarde, pero siempre tenía espacio para mí”.
Según relata Carolina Sendic, las conversaciones entre ambos rara vez giraban en torno a la política. “Podíamos hablar de los animales, de la naturaleza, de cualquier tema. Él sabía un poco de todo”. También destaca una característica que la marcó profundamente: la ausencia de rencor. “Mi padre nunca habló mal de nadie delante de mí. Jamás”.
Un relato que evita el odio
Uno de los aspectos más llamativos del testimonio de Carolina Sendic es que durante su convivencia con su padre él nunca le habló directamente sobre las torturas o los años de prisión. “Yo no supe nada del horror que vivió mi padre por su boca”, explicó.
La autora señala que esa decisión fue una forma de protección. “Me protegió muchísimo de ese mundo”.
Para reconstruir parte de la historia política que rodea la narración, Carolina Sendic recurrió a otras fuentes, entre ellas la biografía escrita por Samuel Blixen, del cual dice que “es muy completa. Muchas fechas que necesitaba confirmar las busqué allí”.
La obra también incluye testimonios y referencias a figuras como Mario Benedetti, Eduardo Galeano y otros contemporáneos que conocieron a Sendic.
Pero el foco central sigue siendo la experiencia íntima. “El libro va más allá de las fronteras de Uruguay. No es una historia política, es una historia humana”, añade.
Los recuerdos más difíciles de escribir
Aunque el libro está lleno de escenas cotidianas y momentos luminosos, hubo episodios particularmente difíciles de poner en palabras. Uno de ellos fue la muerte de su padre. Durante la entrevista, confesó que fue una de las partes que más le costó escribir.
Dicho momento ocurrió mientras Carolina rendía un examen final en su escuela. “Era un examen largo, de literatura. Y justo teníamos que analizar un poema de Mayakovsky”.
Ese día marcó un cambio drástico en su vida. “Fue como madurar de repente”, explica.
A pesar de la intensidad emocional del libro, la autora decidió dejar fuera algunas historias y documentos. “Hay cartas inéditas y fotos que no voy a sacar a la luz. Son cosas de la familia, muy personales”.
La acogida del libro en Montevideo
La primera edición del libro, de mil ejemplares, se lanzó el 11 de marzo y ya ha generado una fuerte repercusión en Uruguay. “Estoy muy impresionada de la acogida que ha tenido”, dijo la autora.
Durante su estadía en Montevideo, Carolina Sendic participó en tres presentaciones que convocaron a públicos diversos: desde referentes políticos hasta lectores interesados en la dimensión más humana del relato.
La primera actividad se realizó el miércoles 11 de marzo en el Museo de la Memoria, junto a Mariana Casares y Adolfo Wasem. El viernes 13 de marzo tuvo lugar un segundo encuentro en la Fundación Mario Benedetti, con la participación del periodista Samuel Blixen.
Las presentaciones culminaron el domingo 15 de marzo en el Teatro Club Progreso. En esa instancia participaron Álvaro Viviano, exdiputado y responsable de asuntos sociales del directorio del Partido Nacional, Gabriel Otero, diputado del Movimiento de Participación Popular (MPP), y Nélida Fontana, referente sindical y activista por los derechos humanos, quien acompañó a Raúl Sendic en la organización de los cañeros de Bella Unión en la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA).
Entre quienes asistieron también hubo figuras del ámbito político y social, entre ellas Lucía Topolansky, exvicepresidenta, fiel compañera del expresidente José Mujica e histórica dirigente del Movimiento de Participación Popular (MPP).
Uno de los detalles que más emocionaron a la autora durante sus presentaciones, fue el contacto directo con los lectores. “La gente me escribe y me dice: he llorado, he reído, he visto el horror y también la esperanza”.
Un regreso a las raíces
Carolina Sendic nació en Uruguay, pero se crió en Cuba junto a su madre y sus hermanos durante el exilio. Más tarde se instaló en Francia, donde desarrolló una larga carrera en la danza contemporánea y posteriormente como formadora de profesores de pilates.
Hoy vive en París desde hace más de tres décadas. “En agosto va a ser 32 años que vivo allí”, comentó. Aun así, cada regreso al país tiene un significado especial. “Siempre me encanta volver a Uruguay. Me gusta la sencillez del uruguayo”.
Durante esta visita pudo reencontrarse con algunos de sus hermanos y compartir momentos familiares. “Compartimos asado, risas y recuerdos. Lo importante es conectarse en algo profundo”.
Al despedirse del país, lo hace con una sensación muy particular. “Me voy con el corazón lleno. Fue como un sueño del cual no me quiero despertar”.
Una historia que recién comienza
Aunque Mi padre, Raúl Sendic es su primer libro, Carolina Sendic no descarta continuar explorando la escritura. “Esto es lo primero que escribo, pero no será lo último”, adelantó.
La autora ya tiene nuevos proyectos en mente, algunos vinculados a su experiencia en el trabajo con el cuerpo y la conexión entre respiración, mente y bienestar.
Mientras tanto, el libro continúa generando encuentros, recuerdos y conversaciones en torno a una figura que sigue despertando interés en Uruguay y más allá de sus fronteras.
Porque, como resume la propia autora, la intención nunca fue escribir únicamente sobre un dirigente histórico. “Quise contar algo mucho más simple”, dice, “la relación entre un padre y una hija”.

Fotos cedidas por Editorial Fin de Siglo & Carolina Sendic




