Desde el Alma: una red de tejedoras que creció para llegar a más familias
Un ovillo de lana puede terminar en manos de una tejedora en cualquier parte del país. Después de convertirse en un gorro, una manta o una muda para bebé, la prenda vuelve a Lavalleja, donde se prepara un ajuar que será distribuido en un centro de salud o llegará a una familia que atraviesa una situación de vulnerabilidad.
Ese es, en líneas generales, el recorrido que desde hace tres años sostiene Desde el Alma, una iniciativa solidaria que comenzó en Minas y fue extendiendo su alcance a través de una red de personas que colaboran de forma voluntaria.
En entrevista con El Explorador, Sol Pravia, una de las impulsoras del grupo junto a Franca Merola, explicó cómo se organizan, de qué manera creció la iniciativa y por qué el proyecto mantiene una regla clara: no reciben efectivo ni transferencias. Las donaciones se concretan principalmente a través de la lana y otros artículos necesarios para los ajuares.
La historia del grupo comenzó cuando Franca, por razones de salud, tuvo que dejar de realizar actividades que formaban parte de su rutina. Entonces decidió aprender a tejer y comenzó a confeccionar prendas para bebés.
Con el tiempo, la cantidad de prendas creció y apareció la pregunta sobre qué hacer con todo ese material. Sol, amiga de Franca, tenía contacto con una partera del Hospital de Minas y propuso consultar si aquellas prendas podían ser útiles para los recién nacidos.
Más manos tejiendo
La primera entrega permitió conocer una realidad que ambas desconocían. También dejó planteado un problema práctico: una sola persona no podía producir la cantidad de prendas necesarias para sostener la ayuda.
La convocatoria comenzó entre conocidos y en determinado momento, incluso la cantidad de lana donada era mayor que la capacidad de tejido del grupo. Eso llevó a abrir una cuenta en redes sociales y ampliar la convocatoria.
Hoy participan tejedoras y tejedores de distintas localidades y departamentos. Hay personas de Pirarajá, Melo, Montevideo, Maldonado, Paysandú y Salto. Sol se ocupa principalmente de la logística: recibe las necesidades, organiza el envío de la lana y coordina la distribución de los ajuares.
El trabajo no se limita a la lana. Con el crecimiento de la iniciativa comenzaron a recibir pañales, toallitas húmedas, medias y bodies nuevos que permiten completar los paquetes destinados a los recién nacidos.

Una forma de ayudar sin dinero de por medio
Uno de los aspectos que Sol remarca es que el grupo no maneja dinero. Desde el Alma no recibe efectivo ni transferencias. La principal forma de colaborar es con lana, que luego se transforma en prendas gracias al trabajo voluntario de quienes integran la red.
El criterio también se aplica a las personas que tejen. No hay fechas obligatorias de entrega ni una cantidad mínima de prendas. Cada integrante trabaja según su tiempo y sus posibilidades.
El funcionamiento sin plazos también responde a las historias personales que han ido conociendo. Hay personas que retomaron el tejido después de muchos años y otras que encontraron en esta actividad una forma de ocupar su tiempo y sentirse parte de un proyecto colectivo.
Los pedidos desde el territorio
El trabajo comenzó en el Hospital de Minas, pero con el tiempo se extendió a policlínicas, centros materno-infantiles y otras organizaciones. El grupo mantiene un cronograma de entregas y trabaja con referentes en cada uno de los lugares a los que llegan los ajuares.
Sin embargo, la planificación cambia cuando aparece una necesidad concreta. En ocasiones se solicita una mayor cantidad de mantas; en otras, la situación de una madre y su bebé requiere elementos que no forman parte del ajuar habitual.
“Más allá de los ajuares nosotros salimos a buscar desde un cochecito, un almohadón de amamantar, lo que se precise”, explicó Sol.
En esos casos, intentan activar su red de contactos. Pero reconocen que hay situaciones que superan la capacidad de un grupo voluntario.
“Hay historias que son súper tristes y decís: ‘bueno me encantaría ayudar muchísimo más’ pero entendemos también nuestra capacidad”, afirmó.
Aun así, la respuesta es intentar llegar hasta donde sea posible. “Nos quedamos con esa cosa de que hacemos por lo menos todo lo que está a nuestro alcance siempre, siempre, siempre”.
Una red que crece
A casi tres años de su creación, el objetivo es continuar ampliando los lugares a los que llegan. Para eso necesitan dos cosas: lana y más personas dispuestas a tejer.
“La lana siempre bienvenida”, señaló Sol. La convocatoria también está abierta para quienes quieran incorporarse a la red de tejedoras y tejedores. “Manos amorosas que quieran tejer desde el corazón para los bebés también”.
Desde el grupo consideran que el crecimiento depende directamente de esa capacidad de sumar nuevas manos. “Cuanto más podamos tejer mejor vamos a llegar a más lugares y llevar más cantidades de ajuares”.
La iniciativa puede seguirse a través de sus redes sociales bajo el nombre Desde el Alma, donde informan sobre las necesidades y reciben los contactos de quienes quieran colaborar.






