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Dra. Verónica Morin: “El estrés es necesario para la vida misma”

Dra. Verónica Morin: “El estrés es necesario para la vida misma”

Médica, especialista en medicina de familia, con formación en medicina laboral, experiencia en gestión hospitalaria y una carrera que incluye cargos como directora de hospital, directora departamental y responsable nacional en salud ocupacional, la Dra. Verónica Morin construyó un perfil poco habitual dentro del sistema sanitario. A esa base se suma su formación en coaching a nivel universitario en Europa, lo que terminó de moldear un enfoque integral que hoy aplica en su práctica.

En entrevista con El Explorador, Morin se presenta con una definición que sorprende por su tono personal: “Soy mamá de Agustina y muy disléxica”. Y explica por qué: busca mostrar que las limitaciones no determinan el camino. “Demuestro que no tiene que ver con la carrera que quieras elegir y a dónde quieras llegar”.

Su vocación, cuenta, nació temprano. “A los seis años le dije a mi mamá que quería ser doctora”. Sin embargo, el ejercicio real de la medicina la enfrentó a un modelo que no la convencía. “Seis minutos por paciente no era lo que yo había estudiado”, recuerda. Esa tensión la llevó a buscar alternativas, primero en la medicina de familia —donde logró consultas más extensas— y luego en el ejercicio independiente.

El camino hacia el estrés: entre la experiencia y la evidencia

El interés por el estrés surgió de una mezcla de observación personal y formación académica. “Veía que frente a la misma situación unos la pasaban mal y otros la pasaban bien. Ahí entendí que tenía que ver con las percepciones y los valores”, explica.

Ese interés se profundizó durante su trabajo en psicología médica y en proyectos de calidad de vida laboral, donde comenzó a estudiar el burnout. Afirma que “gran parte de las consultas tienen que ver con el estrés”, mientras advierte que es un concepto “muchas veces nombrado y pocas veces definido”.

A partir de ahí, su carrera se orientó cada vez más hacia este campo, incluyendo formación específica en el exterior y el desarrollo de un enfoque propio.

Uno de los aportes centrales de Morin es desarmar la idea de que el estrés es siempre negativo. “El estrés se lo ve como algo negativo… pero hay un estrés positivo, el que me impulsa, el que me acerca a mis metas”, sostiene.

En su explicación, el estrés adopta distintas formas según el contexto. “Tiene distintos apellidos”; puede ser laboral, académico o vincularse a cualquier ámbito de la vida.

Incluso situaciones positivas pueden generarlo. “Mudarte a la casa de tus sueños, recibirte o tener un nieto también te va a generar estrés”, señala, remarcando que el organismo responde de manera similar ante cambios, sean buenos o malos.

“El estrés es necesario para la vida misma”

Lejos de plantearlo como un enemigo, Morin propone entender el estrés como una función vital. “El estrés es necesario para la vida misma”, afirma. Explica que “así como tenés que comer, respirar o dormir, también tenés que tener estrés para estar viva”.

Desde el punto de vista biológico, lo define como un sistema de alerta y adaptación. “Es el conjunto de reacciones que me permite estar atenta, protegerme y tener impulso para ir hacia adelante”.

Por eso insiste en que el objetivo no es eliminarlo, sino aprender a gestionarlo. En sus palabras, el estrés es “una inteligencia que tenemos para adaptarnos a las situaciones nuevas”.

En la entrevista, la médica detalla los principales factores que activan esta respuesta: lo nuevo, lo inesperado, la percepción de amenaza y la falta de control.

“Por más que tengas todo planificado, si aparece alguno de estos factores, te va a generar estrés”, explica. Frente a eso, la clave está en las herramientas personales para responder.

La adaptación vuelve a aparecer como concepto central. “La vida es cambio. Yo tengo que aprender a adaptarme, y cuanto más rápido lo haga, menos daño me va a hacer”.

La Clínica del Estrés: un modelo propio

Con esa mirada, Morin creó la Clínica del Estrés, un espacio que desde 2012 busca integrar ciencia y humanidad. Allí se realiza un diagnóstico médico completo que incluye entrevista clínica, estudios paraclínicos y test validados internacionalmente.

El proceso terapéutico suele organizarse en ocho sesiones, con mediciones al inicio y al final para evaluar resultados. “Es un proceso que invita a aprender cuáles son las mejores herramientas para gestionar el estrés”, explica.

Las consultas, de 50 minutos, pueden ser presenciales u online, y están orientadas a personas desde los 16 años. El enfoque no se limita al síntoma, sino que aborda aspectos como autoestima, relaciones, organización del tiempo y propósito de vida.

Un punto que la médica destaca es la prevención: “El mejor momento para consultar no es cuando tengo síntomas, es cuando estoy bien”, afirma, señalando que en salud mental aún cuesta adoptar esa lógica.

Morin advierte sobre las consecuencias de no gestionar el estrés adecuadamente. El estrés crónico —cuando la activación se mantiene en el tiempo— está vinculado a múltiples problemas de salud.

“Está relacionado con enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos y muchas otras”, explica. El exceso sostenido de cortisol, hormona asociada al estrés, termina afectando al organismo.

Por eso, insiste en la importancia de intervenir a tiempo y de diferenciar entre causas orgánicas y psicosomáticas en cada caso.

Un equipo interdisciplinario con casos de éxito

La clínica trabaja con un equipo diverso que incluye médicos de distintas especialidades, psicólogos, abogados, nutricionistas, toxicólogos y técnicos en prevención laboral.

Morin explica que “cada caso se aborda desde múltiples miradas”, y destaca que muchos problemas de estrés —especialmente el laboral— requieren enfoques que van más allá de lo clínico.

Entre los muchos procesos acompañados, la doctora recuerda a su primera paciente, una psicóloga que había perdido el disfrute por su trabajo.

El abordaje incluyó trabajar la comunicación interna, la comunicación con el entorno y la incorporación de hábitos saludables. “Empezó a dormir mejor, a ordenar su vida, a recuperar energía”, recuerda.

El cambio fue visible incluso en lo externo. “Venía toda de negro y apareció con uñas rojas”, recuerda. Y destaca: “El cambio es de adentro hacia afuera”.

El rol del paciente: compromiso y acción

Consultada por aquellos pacientes que no avanzan de la manera en la que se espera, Morin es clara respecto a los límites del tratamiento. “Yo te doy la mano y no te la suelto, pero necesito que hagas tu parte”, afirma.

El proceso implica tareas, seguimiento y una participación activa. Cuando no hay compromiso, los avances se frenan. Subraya que lo necesario es que “la persona quiera cambiar”.

De ser necesario, en algunos casos, el abordaje incluye apoyo farmacológico o intervenciones complementarias, siempre adaptadas a la situación de cada paciente.

Uno de los obstáculos más frecuentes aparece cuando la motivación no es propia. “A veces vienen porque los mandó alguien, pero ellos no quieren cambiar”, explica.

En esos casos, el proceso pierde efectividad. La médica insiste en que el cambio requiere decisión personal y participación activa. Sin esa reciprocidad, el trabajo terapéutico se vuelve limitado.

Salud mental: desafíos para la sociedad y el Estado

Más allá del abordaje clínico individual, Morin hace especial énfasis en la necesidad de pensar la salud mental como un asunto estructural, que involucra tanto a la sociedad como a las políticas públicas. Advierte que no se trata solo de atender patologías, sino de comprender el impacto profundo que tiene en la vida cotidiana.

“La salud mental va a influir en cómo pensamos, en cómo nos sentimos y en cómo nos comportamos en nuestra vida diaria, pero también en nuestra capacidad para afrontar el estrés, superar desafíos, entablar relaciones y recuperarnos de los cambios”. Explica que una buena salud mental implica: satisfacción, propósito, vínculos sanos, autoestima y capacidad de adaptación.

Desde esa mirada, plantea que el rol del Estado es clave y que todavía hay un amplio margen de mejora. Uno de los puntos que menciona es la necesidad de poner el tema sobre la mesa y “promover espacios para hablar de salud mental”. Valora la importancia de la difusión, la información y la prevención. 

Sin embargo, advierte que la visibilización por sí sola no es suficiente si no está acompañada por acceso real a los servicios. Para Morin, mejorar los tiempos de atención y ampliar la disponibilidad de recursos es fundamental para que el discurso se traduzca en soluciones concretas.

Otro eje es el trabajo sobre las condiciones laborales. La médica remarca que hoy los riesgos psicosociales en el trabajo son una realidad cada vez más reconocida a nivel global, y que las políticas públicas deben acompañar ese proceso. Esto implica no solo regular, sino también promover entornos laborales más saludables.

A su vez, hace hincapié en la importancia de fortalecer los llamados “factores protectores”, desde programas de actividad física hasta iniciativas educativas que promuevan hábitos saludables y herramientas de gestión emocional. 

Por último, subraya el valor de las redes de apoyo comunitarias, un aspecto que, desde su formación como médica de familia, considera esencial. “Las redes de apoyo y los servicios comunitarios son claves”, afirma.

No naturalizar el malestar

Al cierre de la entrevista, la médica deja un mensaje directo: “Nunca es tarde para pedir ayuda y no se acostumbren a vivir mal”. Y agrega una reflexión que atraviesa su práctica: el bienestar no depende exclusivamente de lo económico. “He visto personas con pocos recursos muy felices y otras con mucho dinero muy mal”, afirma.

Su propuesta, en definitiva, es aprender a mirar el estrés desde otro lugar. No como un enemigo a eliminar, sino como una herramienta a comprender. Porque, como resume, entenderlo puede ser la clave para vivir con mayor plenitud.

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EDICIÓN DEL 21/5/2026

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