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Alcohol y energizantes son las bebidas más consumidas por adolescentes

Alcohol y energizantes son las bebidas más consumidas por adolescentes

El Observatorio Uruguayo de Drogas (OUD), dependiente de la Junta Nacional de Drogas (JND), dio a conocer los principales hallazgos de la X Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Media. La encuesta fue realizada en 101 centros educativos del país y abarcó a 5.067 adolescentes escolarizados de entre 13 y 17 años en ciudades de más de 10.000 habitantes.

Estuvieron presentes el presidente de la Administración Nacional de Educación Pública, Pablo Caggiani; el secretario general de la Junta Nacional de Drogas, Gabriel Rossi; la directora del Instituto Nacional de la Juventud, Eugenia Godoy, y el vicepresidente del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay, Mauricio Fuentes.

Alcohol, energizantes, tabaco y cannabis

El relevamiento confirmó que el alcohol continúa siendo la sustancia más consumida por los estudiantes y aquella con la que experimentan más tempranamente, alrededor de los 13 años. “Todo consumo en la adolescencia incide negativamente en el desarrollo. Tenemos que trabajar para por lo menos, retrasar la edad de inicio”, advirtió el secretario general de la JND, Gabriel Rossi, al presentar los resultados.

Además, la encuesta mostró un aumento sostenido en el consumo de bebidas energizantes, igualando los niveles de consumo entre los más jóvenes y los de mayor edad. Esto marca un comportamiento distinto al resto de las sustancias. Su consumo combinado con alcohol fue señalado como un factor de riesgo adicional, al disimular los efectos de la intoxicación.

Por otro lado, el estudio también reveló una disminución en el consumo de tabaco de manera tradicional, siguiendo la tendencia de las ultimas décadas. Sin embargo, se constató un aumento en el uso de dispositivos electrónicos.

En este punto, el vicepresidente del INAU, Mauricio Fuentes, resaltó el impacto positivo de las medidas preventivas. “Cuando hay una política que es intersectorial, que se sostiene a lo largo del tiempo y que busca desincentivar el consumo de una determinada sustancia: tiene efectos. Eso nos sirve de aprendizaje como sociedad y como Estado para seguir avanzando”.

Respecto al cannabis, el estudio mostró una estabilidad en la magnitud de consumo y en el nivel de riesgo problemático. Si bien se registró un descenso en 2024, los especialistas advirtieron que aún no es posible confirmar una tendencia.

Uno de los datos más significativos fue el mayor consumo de alcohol, cannabis, tabaco y tranquilizantes entre las adolescentes mujeres respecto a los varones. La directora del INJU, Eugenia Godoy, invitó a cambiar el enfoque: “Tenemos que pensar en los jóvenes y adolescentes como sujetos de derecho. No como población de riesgo. El foco tiene que estar ahí, porque hay un prejuicio muy grande que recae sobre ellos en relación a las drogas”.

El rol de la educación y la familia

La encuesta reafirmó el papel del sistema educativo y de las familias como factores clave de protección. El presidente de la ANEP, Pablo Caggiani, subrayó la importancia de retrasar el inicio del consumo: “El sistema educativo es un factor de protección porque el consumo temprano afecta el desarrollo del juicio y la vinculación con la educación”.

Por último, reflexionó: “Entiendo que es incómodo que se formule este comentario, pero las tres pruebas en las que tenemos problemas son pruebas legales que tienen una industria atrás y que, a pesar de todas las regulaciones, nos siguen produciendo problemas en la adolescencia. Ahí claramente hay una vacancia de política o cosas para cambiar la política”.

Durante la presentación, se destacó la necesidad de políticas públicas que aborden el consumo de forma integral, con perspectiva de género y enfocadas en la prevención temprana. Para Godoy, resulta clave que las estrategias incluyan el bienestar psicoemocional y la salud mental de los adolescentes.

La evidencia presentada confirma que los consumos en la adolescencia se vinculan con la búsqueda de pertenencia, de nuevas experiencias y, en algunos casos, con la gestión de malestares emocionales. En este marco, el acompañamiento activo de las familias y la acción coordinada del sistema educativo y sanitario se presentan como los principales pilares para reducir riesgos y fortalecer factores de protección.

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