Cannabis: clubes reclaman cambios en un sistema que “quedó atrás”
A más de una década de la aprobación de la ley 19.172, que convirtió a Uruguay en el primer país del mundo en regular integralmente el mercado del cannabis, el sistema muestra resultados que las autoridades consideran positivos. Sin embargo, desde el sector de clubes cannábicos comienzan a aparecer reclamos para actualizar una normativa que -según sostienen- ya no refleja del todo la realidad actual del mercado.
Mientras el gobierno destaca el crecimiento del sistema regulado y la reducción del narcotráfico tradicional de cannabis prensado, los clubes advierten que la industria cambió más rápido que las disposiciones que la regulan.
Diego Martínez, responsable del club cannábico Vende Humos, reconoce que la regulación marcó un cambio profundo para quienes trabajaban en el sector.
“Uruguay permitió que muchas personas podamos trabajar de forma legal, es algo que nos apasiona, generando además un marco de control y seguridad que antes no existía”, afirmó en entrevista con El Explorador.
Sin embargo, considera que el sistema necesita actualizarse para acompañar la evolución del sector. “Después de más de 10 años de aprobada la ley, hay que hacer algunos ajustes, ya que la industria evolucionó y tenemos otros conocimientos que antes no se tenían”, señaló.
Un modelo que logró ordenar el mercado
La ley aprobada en 2013 por el presidente José Mujica estableció un sistema estatal de control sobre la producción, distribución y acceso al cannabis, con tres vías legales: compra en farmacias, clubes de membresía y cultivo doméstico.
Según el informe Regulación del mercado de cannabis en Uruguay: segunda evaluación de la ley 19.172, elaborado por la Secretaría Nacional de Drogas y el Observatorio Uruguayo de Drogas, el país logró consolidar un mercado regulado efectivo.
El documento señala que el 46% de los consumidores actuales accede al cannabis a través de vías legales, lo que contribuyó a una caída significativa del narcotráfico tradicional de cannabis prensado, que pasó de ser la principal vía de acceso en 2014 a representar apenas el 6,7% en 2024.
El estudio también indica que el sistema regulado continúa creciendo, con cientos de clubes registrados y decenas de miles de usuarios en las distintas modalidades legales.
Sin embargo, el informe advierte que el modelo enfrenta desafíos estructurales, entre ellos problemas de distribución, brechas territoriales y rigideces regulatorias que limitan su expansión.
Desde el sector de clubes, esta evaluación coincide con la experiencia cotidiana.
Del autocultivo al club
El club Vende Humos nació hace dos años, aunque la relación de Martínez con el cannabis comenzó mucho antes. “Era autocultivador de varios años y siempre quisimos poder hacer esto real”, contó.
La regulación permitió transformar esa experiencia en un proyecto legal. La iniciativa nace del deseo de desarrollar un proyecto “legalmente para estar tranquilo y dormir tranquilo también. Salir de la ilegalidad que había antes y poder hacer lo que siempre nos gustaba de una manera más tranquila para nosotros”.
Sin embargo, transformar esa idea en un club habilitado implicó atravesar un proceso largo. Martínez recuerda que el proceso “fue bastante lento”. También reconoce el apoyo recibido durante el camino. Menciona a miembros de otros clubes que hoy ocupan cargos en la Comisión Honoraria del Ircca, así como a la tienda de cultivo California Company, dedicada a la importación, distribución y asesoramiento en equipamiento para cultivo.
Aun así, el proceso incluyó observaciones administrativas y dificultades para encontrar un local adecuado. “Siempre hay alguna observación o algo que también te va demorando”, explicó.
Para Martínez, quienes deciden emprender en este sector deben tener claro que el proceso puede llevar tiempo. “El que va a poner un club se tiene que llenar de paciencia porque sabés que eso es una inversión de un año mínimo para poder estar establecido y habilitado”, advirtió.
Una inversión alta y pocos apoyos
Abrir un club cannábico implica además una inversión considerable. En el caso de Vende Humos, el proyecto requirió unos 50.000 dólares para instalar un sistema de cultivo indoor.
“Queríamos un club que sea full indoor con buenos paneles LED y todo lo necesario para poder sacar una buena calidad”, explicó.
A esto se suman costos permanentes de seguridad, electricidad, alquiler y mantenimiento, además del consumo de agua y energía que requiere el cultivo.
El problema está en que “hasta que no tengas la casa pronta y el Ircca te habilite, no podés trabajar”.
Desde el sector sostienen que, a pesar de las exigencias regulatorias, el apoyo institucional es limitado. “Nos gustaría tener más instancias de intercambio, poder conversar más con las autoridades y plantear las dificultades que tenemos en el día a día”, señaló.
Los límites del sistema
Uno de los principales reclamos tiene que ver con los límites establecidos por la ley. Actualmente cada club puede tener hasta 45 socios y 99 plantas. Sin embargo, Martínez considera que esa estructura quedó desactualizada. “La ley es a veces un poco ilógica”, afirmó.
Según explicó, la producción depende de múltiples factores como la genética de la planta, la calidad de la luz, los nutrientes, el riego o el tipo de cultivo.
Para el sector, ampliar la cantidad de socios permitiría mejorar la sostenibilidad económica de los clubes sin necesidad de abrir nuevas asociaciones. “Si ya tenemos la infraestructura, ¿por qué obligarnos a abrir otro club y volver a invertir?”, plantean.
Además, sostienen que la actividad genera empleo y podría convertirse en una fuente de trabajo para más personas si el sistema creciera.
Burocracia, registros rígidos y el mercado gris
Otro punto cuestionado es el funcionamiento del registro de usuarios. Actualmente los socios deben esperar hasta tres meses para cambiarse de club o modificar su modalidad de acceso.
Para Martínez, este sistema resulta demasiado rígido. Desde el sector se propone avanzar hacia un registro más flexible, que permita mayor movilidad dentro del sistema regulado sin perder el control estatal.
A su vez, uno de los problemas más señalados por el propio informe oficial es la persistencia de un mercado gris, compuesto principalmente por cannabis proveniente de cultivadores domésticos no registrados o por intercambios informales entre usuarios.
Según el estudio, este circuito representa cerca del 30% del mercado, lo que limita la expansión del sistema regulado.
Para Martínez, competir con ese circuito resulta cada vez más complejo: “Hoy mandás un mensaje por Telegram y tenés un dealer en la puerta de tu casa”, explicó.
Por eso considera que el sistema legal debe ofrecer condiciones más competitivas. “Si queremos que la gente venga al mercado legal, tenemos que hacerlo más accesible y más práctico”.
Logística, distribución y seguridad
La logística de entrega es otro tema que preocupa a los clubes. Muchos de ellos se encuentran ubicados fuera de Montevideo, lo que dificulta que los socios se acerquen a retirar su cuota mensual.
Frente a eso, el sector propone habilitar nuevas modalidades de distribución, como dispensarios o sistemas de entrega.
Además, este sistema podría mejorar la seguridad. Desde el sector consideran que separar los puntos de entrega del lugar de cultivo podría ayudar a reducir esos riesgos, después de haber experimentado situaciones de robo o copamientos.
Turismo cannábico y futuro del sistema
Otro debate que comienza a instalarse en el sector es la posibilidad de habilitar el acceso al cannabis regulado para turistas. Actualmente, el sistema solo permite comprar a ciudadanos uruguayos o residentes registrados.
“La posibilidad de que los turistas puedan acceder al mercado legal es algo que creemos se debería evaluar”, sostuvo Martínez. A su entender, quienes visitan el país “deberían tener el mismo derecho”.
El responsable del club también menciona casos de personas que permanecen en Uruguay por períodos más largos que unas vacaciones. “Hay personas que vienen por trabajo o por algún otro motivo y están un par de meses acá, y sin embargo no se les puede vender por la vía de acceso legal”, explicó.
En su opinión, esa situación termina empujando a algunos visitantes hacia circuitos informales. “Este tipo de decisiones incitan a que esa gente vaya al mercado informal, porque no tienen cómo acceder de manera legal”, agregó.
La discusión no es nueva. Desde que Uruguay aprobó la regulación del cannabis en 2013, el país se convirtió en un punto de referencia internacional para investigadores, activistas y también turistas interesados en conocer cómo funciona el sistema.
Sin embargo, la normativa dejó expresamente fuera a los visitantes extranjeros. El objetivo inicial era evitar que el país se transformara en un destino de turismo cannábico masivo.
Más de diez años después, algunos actores del sector consideran que el debate debería reabrirse.
Según operadores del mercado, cada año llegan al país visitantes que se interesan por el modelo uruguayo, pero que no pueden acceder al sistema legal y terminan recurriendo al mercado informal.
Para algunos clubes y especialistas, permitir algún tipo de acceso regulado para turistas podría ayudar a reducir ese circuito informal, al tiempo que generaría nuevas oportunidades económicas para el sector.
Además, sostienen que Uruguay cuenta con ventajas institucionales para desarrollar ese debate: un sistema de registro estatal, control de trazabilidad y experiencia acumulada en la regulación del mercado.
Un sistema que sigue en evolución
Pese a las críticas, desde los clubes reconocen que la regulación cambió profundamente la forma en que funciona el mercado del cannabis en Uruguay. “El sistema permitió ordenar algo que antes estaba totalmente en la informalidad”, señaló Martínez. Pero también advierte que el desafío ahora es adaptar la normativa a una industria que evolucionó.
Más de diez años después de su creación, el sistema uruguayo sigue siendo observado en todo el mundo. El desafío ahora parece ser ajustar el modelo para que continúe creciendo sin perder el control estatal que lo caracteriza.






