Tacuabé: una partida de defunción hallada en Francia aporta una respuesta tras 192 años
Una búsqueda histórica sobre las Islas Malvinas condujo a un documento vinculado con otra historia de desplazamiento y desarraigo: la de Tacuabé, uno de los cuatro charrúas llevados a Francia en 1833 para ser exhibidos. Según el profesor de historia e investigador independiente Sebastián Ruiz, una partida conservada en los archivos del departamento francés del Jura permite establecer dónde y cuándo murió aquel joven cuyo rastro se perdía en Lyon.
El documento identificado por Ruiz sitúa su fallecimiento en Salins-les-Bains el 23 de octubre de 1834, a las diez de la noche. La defunción fue asentada al día siguiente, a las nueve de la mañana, en el acta número 145 del registro de la comuna de Salins. Allí figura con 22 años y como nacido en «Uruguay, República de Montevideo (América del Sur)».
La información aporta una respuesta a una incógnita sostenida durante casi dos siglos. También obliga a separar dos cuestiones: conocer el destino de Tacuabé y comprender la continuidad de los pueblos indígenas en Uruguay. Resolver la primera no autoriza a presentar su muerte como el final de una comunidad ni a repetir la expresión «el último charrúa».

Una investigación que cambió de rumbo
Ruiz relata que el 2 de octubre de 2026 trabajaba en la búsqueda de los restos de uno de los charrúas apresados y trasladados a Inglaterra después de la rebelión del Gaucho Rivero en las Islas Malvinas, en 1833. Según explica, uno de aquellos hombres murió en territorio británico y fue sepultado en una prisión. Su investigación busca localizar la tumba y averiguar su nombre.
Durante una pausa decidió retomar otro caso pendiente: el de Laureano Tacuabé Martínez. La búsqueda inicial se concentró en posibles partidas de defunción entre 1834 y 1890, utilizando Jean Soulassol, el nombre francés con el que, según el investigador, se lo conocía. Ese primer intento no produjo coincidencias.
El cambio llegó al incorporar información sobre su identidad y sobre el traslado a Francia junto a otros tres charrúas. Ruiz utilizó Copilot para orientar la consulta y, de acuerdo con su relato, la herramienta señaló un registro de Salins-les-Bains. Pudo precisar el volumen y el año, aunque no la página donde estaba asentada la defunción.
Después recurrió a Claude Pro, de Anthropic, que, según explica, permitió localizar la página y elaborar una transcripción. La secuencia muestra cómo una búsqueda asistida por inteligencia artificial puede ofrecer nuevas pistas para el trabajo histórico. El valor probatorio, sin embargo, corresponde al documento de archivo y a la lectura que pueda comprobarse sobre el original.
Lo que registra el acta
La traducción difundida por Ruiz describe un procedimiento de registro civil. Ante el funcionario de la comuna comparecieron dos declarantes: Jules Laloumet, de 36 años, identificado como viajante y sin domicilio, y Pierre Faivre Rolland, de 28 años, zapatero domiciliado en Salins. La lectura de este último nombre presenta una duda en la transcripción suministrada.
Ambos comunicaron la muerte de Tacuabé, consignado sin profesión ni domicilio. El acta señala que había fallecido la noche anterior en la casa del señor Piquet, posadero, situada en el barrio de las Carnicerías, denominado en francés quartier des Boucheries. Los espacios correspondientes a los nombres de sus padres quedaron sin completar.
Ese detalle no permite concluir que Tacuabé careciera de vínculos familiares. Lo que muestra es que el registro no incorporó esa información. Tampoco la mención «sin domicilio» describe por sí sola toda su situación personal: es una categoría asentada por quienes intervinieron en aquel trámite y debe leerse dentro de ese contexto.
La partida aporta datos concretos sobre identidad, edad, lugar y momento del fallecimiento. En la traducción compartida no aparece una causa de muerte, una explicación de su llegada a Salins ni una referencia a la ubicación de su sepultura. Son preguntas que permanecen abiertas y que requieren documentación adicional.
Del rastro en Lyon al registro del Jura
Hasta este hallazgo, explica Ruiz, el recorrido conocido de Tacuabé se interrumpía en Lyon en 1834, después de la muerte de Guyunusa en julio de ese año. La ausencia de información posterior dio lugar a versiones y especulaciones sobre lo que pudo haber ocurrido con él.
La identificación de un acta en Salins-les-Bains permite avanzar más allá de aquel punto. Introduce un lugar y una fecha que pueden orientar nuevas consultas en registros locales y otros fondos documentales. Pero no reconstruye automáticamente el trayecto entre ambas ciudades ni las circunstancias en que Tacuabé pasó sus últimos meses.
Ruiz interpreta el hallazgo como una contribución para cerrar el recorrido histórico de los cuatro charrúas llevados a Francia. Su anuncio, además, devuelve atención a una historia en la que personas desplazadas de su tierra fueron convertidas en objetos de exhibición. El registro permite recuperar un dato individual allí donde durante décadas predominó la incertidumbre.
La búsqueda de la tumba
La nueva referencia documental abre otra posibilidad: investigar si es posible localizar la tumba de Tacuabé en la localidad donde se registró su muerte. Ruiz anunció que un uruguayo residente en Lyon tiene previsto viajar a Salins-les-Bains para realizar averiguaciones.
Esa gestión constituye un paso futuro. El investigador no informó haber encontrado una sepultura ni presentó documentación que permita identificarla. La existencia de la partida ofrece un punto de partida para la búsqueda, pero no garantiza que se conserve una tumba reconocible o que haya registros suficientes para ubicarla.
Un documento frente al relato de la desaparición
Ruiz insiste en evitar una fórmula que durante mucho tiempo acompañó estas historias: «el último de los charrúas». Su planteo distingue el destino de los cuatro hombres y mujeres trasladados a Francia de la presencia indígena que continuó en Uruguay.
En su interpretación, la idea de una desaparición completa formó parte de un relato nacional que relegó o borró el componente indígena. Por eso, sostiene, el documento debe incorporarse a la historia de Tacuabé sin convertirlo en una certificación de la extinción de su pueblo.
El hallazgo anunciado abre un camino documental. Aporta una fecha, una localidad y un registro que otros investigadores podrán examinar. También deja una tarea pendiente: seguir buscando las huellas de una vida marcada por el traslado forzado, la exhibición y el desarraigo. Después de 192 años, una respuesta permite formular nuevas preguntas. La investigación continúa.




